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579 palabras

pontí­fice. (Del lat. pontÄ­fex, -Ä­cis). 1. m. Obispo o arzobispo de una dií³cesis. 2. m. por antonom. Prelado supremo de la Iglesia catí³lica romana. Sumo, Romano Pontí­fice. 3. m. Magistrado sacerdotal que presidí­a los ritos y ceremonias religiosas en la antigua Roma....
presbí­tero. (Del lat. presby̆ter, -ĕri, y este del gr. πρεσβύτερος, más anciano). 1. m. Clérigo ordenado de misa....
claridad. (Del lat. clarÄ­tas, -ātis). 1. f. Cualidad de claro. 2. f. Efecto que causa la luz iluminando un espacio, de modo que se distinga lo que hay en él. 3. f. Distincií³n con que por medio de los sentidos, y más especialmente de la vista y del oí­do, percibimos las sensaciones,...
meridiana. 1. f. V. meridiano.meridiano, na. (Del lat. meridiānus). 1. adj. Perteneciente o relativo a la hora del mediodí­a. 2. adj. Clarí­simo, luminosí­simo. Luz meridiana 3. m. Astr. Cí­rculo máximo de la esfera celeste, que pasa por los polos del mundo y por el cenit y nadi...
versí­culo. (Del lat. versicÅ­lus, dim. de versus, verso). 1. m. Cada una de las breves divisiones de los capí­tulos de ciertos libros, y singularmente de las Sagradas Escrituras. 2. m. Parte del responsorio que se dice en las horas caní³nicas, regularmente antes de la oracií³n. 3. m....
formulacií³n. 1. f. Accií³n y efecto de formular1....
decisivo, va. (Del lat. decÄ«sus, decidido). 1. adj. Que decide o resuelve. Razí³n decisiva. Decreto decisivo. 2. adj. Que tiene consecuencias importantes. Un paso decisivo.□ V. voto decisivo...
evangelio. (Del lat. evangelÄ­um, y este del gr. εὐαγγέλιον, buena nueva). 1. m. Historia de la vida, doctrina y milagros de Jesucristo, contenida en los cuatro relatos que llevan el nombre de los cuatro evangelistas y que componen el primer libro caní³nico del Nuevo Testamento. 2. ...
eterno, na. (Del lat. aeternus). 1. adj. Que no tiene principio ni fin. 2. adj. Que se repite con excesiva frecuencia. Ya están con sus eternas disputas. 3. adj. coloq. Que se prolonga muchí­simo o excesivamente. 4. m. Rel. Padre Eterno. ORTOGR. Escr. con may. inicial. el ~ femen...
amplitud. (Del lat. amplitÅ«do). 1. f. Extensií³n, dilatacií³n. 2. f. Capacidad de comprensií³n intelectual o moral. Amplitud de miras. Amplitud de criterio. 3. f. Astr. íngulo comprendido entre el plano vertical que pasa por la visual dirigida al centro de un astro y el vertical pri...
israelita. (Del lat. bí­blico IsraelÄ«ta,). 1. adj. hebreo (‖ del pueblo semí­tico que conquistí³ y habití³ la Palestina). Apl. a pers., u. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo al que profesa la ley de Moisés. 3. adj. Natural de Israel. U. t. c. s. 4. adj. Pertenecien...
creyente. (Del ant. part. act. de creer). 1. adj. Que cree, especialmente el que profesa determinada fe religiosa. U. t. c. s....
escucha. (De escuchar). 1. f. Accií³n de escuchar. 2. f. Accií³n y efecto de espiar una comunicacií³n privada. 3. f. En los conventos de religiosas y colegios de niñas, mujer que tiene por oficio acompañar en el locutorio a las que reciben visitas para oí­r lo que se habla. 4. f....
precepto. (Del lat. praeceptum). 1. m. Mandato u orden que el superior hace observar y guardar al inferior o súbdito. 2. m. Cada una de las instrucciones o reglas que se dan o establecen para el conocimiento o manejo de un arte o facultad. 3. m. por antonom. Cada uno de los del Decálo...
leví­tico, ca. (Del lat. LevitÄ­cus). 1. adj. Perteneciente o relativo a los levitas. 2. adj. Aficionado a la Iglesia, o supeditado a los eclesiásticos. 3. m. desus. Ceremonial que se usa en una funcií³n....
colmo3, ma. (De colmar). 1. adj. Que está colmado o tiene colmo1. Fanega colma....
í­ntimamente. 1. adv. m. Con intimidad....
especulativo, va. (Del lat. speculatÄ«vus). 1. adj. Perteneciente o relativo a la especulacií³n. 2. adj. Que tiene aptitud para especular. 3. adj. Que procede de la mera especulacií³n o discurso, sin haberse reducido a práctica. 4. adj. Muy pensativo y dado a la especulacií³n. 5....
precisar. 1. tr. Fijar o determinar de modo preciso. 2. tr. Obligar, forzar determinadamente y sin excusa a ejecutar algo. 3. intr. Ser necesario o imprescindible. U. t. c. tr....
al. 1. contracc. A el.-al. (Del lat. -ālis). 1. suf. En adjetivos, indica generalmente relacií³n o pertenencia. Ferrovial, cultural. 2. suf. En sustantivos, indica el lugar en que abunda el primitivo. Arrozal, peñascal....
pontificado. (Del lat. pontificātus). 1. m. Dignidad de pontí­fice. 2. m. Tiempo en que cada uno de los Sumos Pontí­fices ostenta esta dignidad. 3. m. Aquel en que un obispo o arzobispo permanece en el gobierno de su iglesia....
misterioso, sa. 1. adj. Que encierra o incluye en sí­ misterio. 2. adj. Dicho de una persona: Que hace misterios y da a entender cosas recí³nditas donde no las hay....
í­ndole. (Del lat. indŏles). 1. f. Condicií³n e inclinacií³n natural propia de cada persona. 2. f. Naturaleza, calidad y condicií³n de las cosas....
exhaustivo, va. (Del lat. exhaustus, agotado). 1. adj. Que agota o apura por completo....
decisivo, va. (Del lat. decÄ«sus, decidido). 1. adj. Que decide o resuelve. Razí³n decisiva. Decreto decisivo. 2. adj. Que tiene consecuencias importantes. Un paso decisivo.□ V. voto decisivo...
omiso, sa. (Del lat. omissus). 1. adj. Flojo y descuidado....
vasto, ta. (Del lat. vastus). 1. adj. Dilatado, muy extendido o muy grande.□ V. músculo vasto...
semántico, ca. (Del gr. σημαντικός, significativo). 1. adj. Perteneciente o relativo a la significacií³n de las palabras. 2. f. Estudio del significado de los signos lingí¼í­sticos y de sus combinaciones, desde un punto de vista sincrí³nico o diacrí³nico.□ V. calco semánticoca...
patria. (Del lat. patrÄ­a). 1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nacií³n, a la que se siente ligado el ser humano por ví­nculos jurí­dicos, histí³ricos y afectivos. 2. f. Lugar, ciudad o paí­s en que se ha nacido. ~ celestial. 1. f. Cielo o gloria. ~ chica. 1. f. Lugar, ...
multiplicidad. (Del lat. multiplicÄ­tas, -ātis). 1. f. Cualidad de múltiple. 2. f. Multitud, abundancia excesiva de algunos hechos, especies o individuos....
arquetipo. (Del lat. archety̆pus, y este del gr. ἀρχέτυπος). 1. m. Modelo original y primario en un arte u otra cosa. 2. m. Ecd. Punto de partida de una tradicií³n textual. 3. m. Psicol. Representacií³n que se considera modelo de cualquier manifestacií³n de la realidad. 4....
excelencia. (Del lat. excellentÄ­a). 1. f. Superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimacií³n algo. 2. f. Tratamiento de respeto y cortesí­a que se da a algunas personas por su dignidad o empleo. por ~. 1. loc. adv. excelentemente. 2. loc. adv. por antono...
inseparablemente. 1. adv. m. Con inseparabilidad....
irresistible. 1. adj. Que no se puede resistir. 2. adj. Dicho de una persona: De mucho atractivo y simpatí­a.□ V. fuerza irresistible...
antemano. (De ante- y mano). de ~. 1. loc. adv. Con anticipacií³n, anteriormente. Era u. t. sin la prep....
emplea. 1. f. ant. Conjunto de mercancí­as en que se emplea el dinero para comerciar....
relativo, va. (Del lat. relatÄ«vus). 1. adj. Que guarda relacií³n con alguien o con algo. 2. adj. Que no es absoluto. 3. adj. No mucho, en poca cantidad o intensidad. Daba a aquel asunto una relativa importancia. 4. adj. Discutible, susceptible de ser puesto en cuestií³n. Su opin...
ero. (De era2). 1. m. Ar. Tablar de huerta.-ero, ra. (Del lat. -arÄ­us). 1. suf. En sustantivos, indica oficio, ocupacií³n, profesií³n o cargo. Ingeniero, jornalero, librero. 2. suf. Designa utensilios, muebles. Billetero, perchero, llavero. 3. suf. Significa lugar donde abunda o...
neotestamentario, ria. 1. adj. Perteneciente o relativo al Nuevo Testamento....
relegar. (Del lat. relegāre). 1. tr. Entre los antiguos romanos, desterrar a un ciudadano sin privarle de los derechos de tal. 2. tr. Desterrar de un lugar. 3. tr. Apartar, posponer. Relegar al olvido algo....
radicalismo. 1. m. Cualidad de radical. 2. m. Conjunto de ideas y doctrinas de quienes, en ciertos momentos de la vida social, pretenden reformar total o parcialmente el orden polí­tico, cientí­fico, moral y aun religioso. 3. m. Modo extremado de tratar los asuntos....
ilustracií³n. 1. f. Accií³n y efecto de ilustrar. 2. f. Estampa, grabado o dibujo que adorna o documenta un libro. 3. f. Publicacií³n, comúnmente perií³dica, con láminas y dibujos, además del texto que suele contener. 4. f. Movimiento filosí³fico y cultural del siglo XVIII, que a...
veneno. (Del lat. venēnum). 1. m. Sustancia que, incorporada a un ser vivo en pequeñas cantidades, es capaz de producir graves alteraciones funcionales, e incluso la muerte. 2. m. Cosa nociva a la salud. 3. m. Cosa que puede causar un daño moral. 4. m. Afecto de ira, rencor u ot...
degenerar. (Del lat. degenerāre). 1. intr. Dicho de una persona o de una cosa: Decaer, desdecir, declinar, no corresponder a su primera calidad o a su primitivo valor o estado. 2. intr. Dicho de una persona: Decaer de la antigua nobleza de sus antepasados, no corresponder a las virtudes ...
vicio. (Del lat. vitÄ­um). 1. m. Mala calidad, defecto o daño fí­sico en las cosas. 2. m. Falta de rectitud o defecto moral en las acciones. 3. m. Falsedad, yerro o engaño en lo que se escribe o se propone. Vicios de obrepcií³n y subrepcií³n. 4. m. Hábito de obrar mal. 5. m....
filí³sofo, fa. (Del lat. philosŏphus, y este del gr. φιλόσοφος). 1. adj. p. us. Perteneciente o relativo a la filosofí­a. 2. adj. p. us. Que afecta lenguaje y modos de filí³sofo. 3. m. y f. Persona que estudia, profesa o sabe la filosofí­a. 4. m. Hombre virtuoso y aust...
precepto. (Del lat. praeceptum). 1. m. Mandato u orden que el superior hace observar y guardar al inferior o súbdito. 2. m. Cada una de las instrucciones o reglas que se dan o establecen para el conocimiento o manejo de un arte o facultad. 3. m. por antonom. Cada uno de los del Decálo...
amargo, ga. (De amaro2, infl. por amargar). 1. adj. Que tiene el sabor caracterí­stico de la hiel, de la quinina y otros alcaloides; cuando es especialmente intenso produce una sensacií³n desagradable y duradera. 2. adj. Que causa afliccií³n o disgusto. 3. adj. Que está afligido o dis...
hermoso, sa. (Del lat. formōsus). 1. adj. Dotado de hermosura. 2. adj. Grandioso, excelente y perfecto en su lí­nea. 3. adj. Despejado, apacible y sereno. ¡Hermoso dí­a! 4. adj. coloq. Dicho de un niño: Robusto, saludable....
prohibicií³n. (Del lat. prohibitÄ­o, -ōnis). 1. f. Accií³n y efecto de prohibir....
predispuesto, ta. (Del lat. praedisposÄ­tus). 1. part. irreg. de predisponer....
creador, ra. (Del lat. creātor, -ōris). 1. adj. Que crea, establece o funda algo. Poeta, artista, ingeniero creador. Facultades creadoras. Mente creadora. U. t. c. s. 2. adj. Se dice propiamente de Dios, que sací³ todas las cosas de la nada. U. m. c. s. ORTOGR. Escr. con may. inicial c. ...
sin. (Del lat. sine). 1. prep. Denota carencia o falta de algo. 2. prep. aparte. Lleví³ tanto en dinero, sin las alhajas. 3. prep. Ante un verbo en infinitivo, equivale a no con su participio o gerundio. Me fui sin comer, esto es, no habiendo comido.sin-. (Del gr. συν-). 1. pr...
análogamente. 1. adv. m. Con analogí­a....
arrebato1. 1. m. arrebatamiento (‖ furor). 2. m. arrebatamiento (‖ éxtasis). 3. m. Bol. Enfermedad súbita y grave. 4. m. Cuba. arrebatí³n. ~ y obcecacií³n. 1. m. Der. Una de las circunstancias que atenúan la responsabilidad penal.arrebato2. 1. m. desus. r...
Artí­culo nuevo.Avance de la vigésima tercera edicií³nbucí³lica1. (Del pl. lat. bucolÄ­ca, y este del pl. gr. βουκολικά, poemas pastoriles, bucí³licas). 1. f. Composicií³n poética del género bucí³lico.bucí³lica. (Del lat. bucca, boca). 1. f. coloq. alimento.bucí³lico, ca. (Del la...
culto, ta. (Del lat. cultus). 1. adj. Dicho de las tierras o de las plantas: cultivadas. 2. adj. Dotado de las calidades que provienen de la cultura o instruccií³n. Persona culta. Pueblo, lenguaje culto. 3. adj. p. us. culterano. 4. m. Homenaje externo de respeto y amor que el cr...
fertilidad. (Del lat. fertilÄ­tas, -ātis). 1. f. Cualidad de fértil....
prostitucií³n. (Del lat. prostitutÄ­o, -ōnis). 1. f. Accií³n y efecto de prostituir. 2. f. Actividad a la que se dedica quien mantiene relaciones sexuales con otras personas, a cambio de dinero.□ V. casa de prostitucií³n...
templo. (Del lat. templum). 1. m. Edificio o lugar destinado pública y exclusivamente a un culto. 2. m. Lugar real o imaginario en que se rinde o se supone rendirse culto al saber, a la justicia, etc. ~ prí³stilo. 1. m. Arq. El de segunda especie entre los antiguos, el cual, además d...
divinidad. (Del lat. divinĭtas, -ātis). 1. f. Naturaleza divina y esencia del ser de Dios en cuanto Dios. 2. f. deidad. 3. f. Persona o cosa dotada de gran beldad, hermosura, preciosidad. decir, o hacer, ~es. 1. locs. verbs. coloqs. Decir o hacer algo con oportunidad y primor ...
tentacií³n. (Del lat. temptatÄ­o, -ōnis). 1. f. Instigacií³n o estí­mulo que induce el deseo de algo. 2. f. Persona, cosa o circunstancia que la provoca. 3. f. Rel. Solicitacií³n al pecado inducida por el demonio. caer alguien en la ~. 1. loc. verb. Dejarse vencer de ella....
firmeza. 1. f. Cualidad de firme. 2. f. Entereza, constancia, fuerza moral de quien no se deja dominar ni abatir. 3. f. Joya u objeto que sirve de prueba de lealtad amorosa. 4. f. Arg. y Ur. Baile popular de galanteo, de pareja suelta, cuyos pasos y movimientos van ejecutándose s...
perversií³n. (Del lat. perversÄ­o, -ōnis). 1. f. Accií³n y efecto de pervertir....
religiosidad. (Del lat. religiosÄ­tas, -ātis). 1. f. Cualidad de religioso. 2. f. Práctica y esmero en cumplir las obligaciones religiosas. 3. f. Puntualidad, exactitud en hacer, observar o cumplir algo....
obstante. (Del ant. part. act. de obstar). 1. adj. Que obsta. no ~. 1. loc. conjunt. Sin que estorbe ni perjudique para algo....
desviacií³n. (Del lat. deviatÄ­o, -ōnis). 1. f. Accií³n y efecto de desviar. 2. f. Separacií³n lateral de un cuerpo de su posicií³n media. Desviacií³n del péndulo, del distribuidor de una máquina de vapor. 3. f. Separacií³n de la aguja imantada del plano del meridiano magnético, ocas...
destructor, ra. (Del lat. destructor, -ōris). 1. adj. Que destruye. U. t. c. s. 2. m. Buque de guerra rápido, de tonelaje medio, preparado para misiones de escolta así­ como ofensivas, y equipado con armamento de toda clase....
divinizacií³n. 1. f. Accií³n y efecto de divinizar....
dignidad. (Del lat. dignÄ­tas, -ātis). 1. f. Cualidad de digno. 2. f. Excelencia, realce. 3. f. Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse. 4. f. Cargo o empleo honorí­fico y de autoridad. 5. f. En las catedrales y colegiatas, prebenda que corresponde a u...
prostituto, ta. (Del lat. prostitūtus). 1. m. y f. Persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero....
templo. (Del lat. templum). 1. m. Edificio o lugar destinado pública y exclusivamente a un culto. 2. m. Lugar real o imaginario en que se rinde o se supone rendirse culto al saber, a la justicia, etc. ~ prí³stilo. 1. m. Arq. El de segunda especie entre los antiguos, el cual, además d...
arrobamiento. 1. m. Accií³n de arrobar o arrobarse (‖ enajenarse, quedar fuera de sí­). 2. m. éxtasis....
tratada. 1. f. El Salv. Accií³n de insultar. 2. f. Nic. regañina....
diosa. (De dios). 1. f. Deidad femenina.dioso, sa. (De dí­a). 1. adj. ant. De muchos años....
ebrio, bria. (Del lat. ebrÄ­us). 1. adj. Dicho de una persona: Embriagada por la bebida. U. t. c. s. 2. adj. ciego (‖ poseí­do con vehemencia de una pasií³n). Ebrio de entusiasmo, de ira....
indisciplinado, da. (Del part. de indisciplinarse). 1. adj. Que no se sujeta a la disciplina debida....
caí­do, da. (Del part. de caer). 1. adj. Desfallecido, amilanado. 2. adj. Dicho de una persona o de un animal: Que tiene demasiado declive en una parte del cuerpo. Caí­do DE hombros Caí­do DE ancas 3. adj. Dicho de una persona: Muerta en defensa de una causa. U. t. c. s. 4. adj. ...
instante. (Del ant. part. act. de instar; lat. instans, -antis). 1. m. Porcií³n breví­sima de tiempo. a cada ~, o cada ~. 1. locs. advs. Frecuentemente, a cada paso. al ~. 1. loc. adv. Al punto, sin dilacií³n. por ~s. 1. loc. adv. Sin cesar, continuamente, sin intermisií³n. 2...
rápido, da. (Del lat. rapÄ­dus). 1. adj. Que se mueve, se hace o sucede a gran velocidad, muy deprisa. 2. adj. Que se hace a la ligera, sin profundizar. Eché un vistazo rápido a la novela 3. m. rabií³n. 4. m. tren rápido. 5. adv. m. rápidamente (‖ con celeridad). Volv...
infinidad. (Del lat. infinÄ­tas, -ātis). 1. f. Cualidad de infinito. 2. f. Gran número y muchedumbre de cosas o personas....
eternidad. (Del lat. aeternÄ­tas, -ātis). 1. f. Perpetuidad sin principio, sucesií³n ni fin. 2. f. Duracií³n dilatada de siglos y edades. 3. f. coloq. Duracií³n excesivamente prolongada. Esto dura una eternidad. 4. f. Rel. Posesií³n simultánea y perfecta de una vida interminable...
distinto1, ta. (Del lat. distinctus, part. pas. de distinguĕre, distinguir). 1. adj. Que no es lo mismo, que tiene realidad o existencia diferente de aquello otro de que se trata. 2. adj. Que no es parecido, que tiene diferentes cualidades. 3. adj. Inteligible, claro, sin confusií³n....
cotidiano, na. (Del lat. quotidiānus, de quotidĭe, diariamente). 1. adj. diario....
dominar. (Del lat. domināre). 1. tr. Tener dominio sobre algo o alguien. 2. tr. Sujetar, contener, reprimir. 3. tr. Conocer bien una ciencia, un arte, un idioma, etc. 4. tr. Divisar una extensií³n considerable de terreno desde una altura. 5. intr. Dicho de un monte, de un ...
instinto. (Del lat. instinctus). 1. m. Conjunto de pautas de reaccií³n que, en los animales, contribuyen a la conservacií³n de la vida del individuo y de la especie. Instinto reproductor. 2. m. Mí³vil atribuido a un acto, sentimiento, etc., que obedece a una razí³n profunda, sin que se per...
maduracií³n. (Del lat. maturatÄ­o, -ōnis, aceleracií³n). 1. f. Accií³n y efecto de madurar....
renuncia. 1. f. Accií³n de renunciar. 2. f. Instrumento o documento que contiene la renuncia. 3. f. Dimisií³n o dejacií³n voluntaria de algo que se posee, o del derecho a ello....
grandeza. (De grande y -eza). 1. f. Tamaño excesivo de algo respecto de otra cosa del mismo género. 2. f. Majestad y poder. 3. f. Dignidad de grande de España. 4. f. Conjunto o concurrencia de los grandes de España. 5. f. Extensií³n, tamaño, magnitud. 6. f. Elevacií³n d...
contrario, ria. (Del lat. contrarÄ­us). 1. adj. Dicho de una persona o de una cosa: Que se muestra completamente diferente a otra; en el otro extremo. Idea contraria. U. t. c. s. 2. adj. Que daña o perjudica. 3. m. y f. Persona que tiene enemistad con otra. 4. m. y f. Persona que...
epicúreo, a. (Del lat. epicurĕus). 1. adj. Que sigue la doctrina de Epicuro, filí³sofo ateniense del siglo IV a. C. U. t. c. s. 2. adj. Propio de este filí³sofo. 3. adj. Entregado a los placeres....
saludo. 1. m. Accií³n y efecto de saludar. 2. m. Palabra, gesto o fí³rmula para saludar. 3. m. pl. Expresiones corteses. ~ a la voz. 1. m. Mar. Honor que se tributa a bordo y que consiste en determinado número de ví­tores o hurras, a los que contesta la tripulacií³n, convenient...
criatura. (Del lat. creatÅ«ra). 1. f. Niño recién nacido o de poco tiempo. 2. f. Feto antes de nacer. 3. f. hechura (‖ de otro a quien debe su posicií³n social). 4. f. Rel. Cosa criada. ~ abortiva. 1. f. Der. La que no tiene la condicií³n legal de nacida. ser una ~. ...
unitario, ria. (Del lat. unÄ­tas, unidad). 1. adj. Perteneciente o relativo a la unidad. 2. adj. Que constituye una unidad. 3. adj. Partidario de la unidad en materias polí­ticas. U. t. c. s. 4. adj. Que propende a la unidad o desea conservarla. 5. adj. Que toma por base una...
eros. (Del gr. ἔρως, amor). 1. m. Conjunto de tendencias e impulsos sexuales de la persona....
madurar. (Del lat. maturāre). 1. tr. Dar sazí³n a los frutos. 2. tr. Poner en su debido punto con la meditacií³n una idea, un proyecto, un designio, etc. 3. tr. Med. En los tumores, activar la supuracií³n. 4. intr. Dicho de los frutos: Ir sazonándose. 5. intr. Adquirir ple...
adversario, ria. (Del lat. adversarÄ­us). 1. adj. ant. adverso. 2. m. y f. Persona contraria o enemiga. 3. m. Conjunto de personas contrarias o enemigas. 4. m. pl. p. us. Notas, apuntamientos o apéndices añadidos a un escrito....
corporeidad. 1. f. Cualidad de corpí³reo....
engañoso, sa. 1. adj. Falaz, que engaña o da ocasií³n a engañarse. 2. adj. Ar., ív. y Leí³n. Que dice mentiras....
mercancí­a. (Del it. mercanzia). 1. f. Cosa mueble que se hace objeto de trato o venta. 2. f. Trato de vender y comprar comerciando en géneros. 3. f. pl. u. c. sing. m. Tren de mercancí­as.□ V. valor recibido en mercancí­as...
propiamente. 1. adv. m. Con propiedad....
calculador, ra. (Del lat. calculātor, -ōris). 1. adj. Que calcula. U. t. c. s. 2. adj. Dicho de una persona: Que realiza o impulsa determinados actos para obtener un provecho. U. t. c. s. 3. adj. Dicho de una persona: Que considera algo con atencií³n y cuidado. 4. m. Aparato o ...
inocuo, cua. (Del lat. innocÅ­us). 1. adj. Que no hace daño....
biolí³gico, ca. 1. adj. Perteneciente o relativo a la biologí­a.□ V. antagonismo biolí³gicoclasificacií³n biolí³gicaevolucií³n biolí³gicanomenclatura biolí³gicaquí­mica biolí³gica...
recí­procamente. 1. adv. m. Mutuamente, con igual correspondencia....
nobleza. 1. f. Cualidad de noble. 2. f. Conjunto o cuerpo de los nobles de un Estado o de una regií³n. 3. f. Tela de seda, especie de damasco sin labores.□ V. brazo de la nobleza...
mí­stico1. (Quizá del it. *mistaco, infl. por mí­stico2). 1. m. Embarcacií³n costanera de tres palos, y algunas veces de dos, con velas latinas, usada en el Mediterráneo.mí­stico2, ca. (Del lat. mystÄ­cus, y este del gr. μυστικός). 1. adj. Que incluye misterio o razí³n oculta. 2. ...
predominante. 1. adj. Que predomina....
contenido, da. (Del part. de contener). 1. adj. Que se conduce con moderacií³n o templanza. 2. m. Cosa que se contiene dentro de otra. 3. m. Tabla de materias, a modo de í­ndice. 4. m. Ling. plano del contenido....
nupcial. (Del lat. nuptiālis). 1. adj. Perteneciente o relativo a las nupcias.□ V. bendiciones nupcialesteas nupciales...
conyugal. (Del lat. coniugālis). 1. adj. Perteneciente o relativo a los cí³nyuges.□ V. castidad conyugaldébito conyugalsociedad conyugal...
instructivo, va. (Del ant. instructo, part. pas. irreg. ant. de instruir). 1. adj. Que instruye o sirve para instruir....
plural. (Del lat. plurālis). 1. adj. Múltiple, que se presenta en más de un aspecto. Alardeaba de su plural conocimiento en el campo de las ciencias. 2. m. Gram. número plural. ~ de modestia. 1. m. Gram. plural del pronombre personal de primera persona, o de la flexií³n verbal corre...
inseguro, ra. 1. adj. Falto de seguridad....
indeterminado, da. (Del lat. indeterminātus). 1. adj. No determinado, o que no implica ni denota determinacií³n alguna. 2. adj. Que no es concreto ni definido. 3. adj. Dicho de una persona: Que no se resuelve a algo.□ V. artí­culo indeterminadoecuacií³n indeterminadaproblema indete...
fonético, ca. (Del gr. φωνητικός). 1. adj. Perteneciente o relativo a la voz humana. 2. adj. Se dice de todo alfabeto o escritura cuyos elementos representan sonidos. 3. adj. Fon. Dicho de un alfabeto, de una ortografí­a o de un sistema de transcripcií³n: Que trata de repres...
indeterminado, da. (Del lat. indeterminātus). 1. adj. No determinado, o que no implica ni denota determinacií³n alguna. 2. adj. Que no es concreto ni definido. 3. adj. Dicho de una persona: Que no se resuelve a algo.□ V. artí­culo indeterminadoecuacií³n indeterminadaproblema indete...
egoí­sta. (De egoí­smo). 1. adj. Dicho de una persona: Que tiene egoí­smo. U. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo a esta actitud....
embriaguez. 1. f. Turbacií³n pasajera de las potencias, exceso con que se ha bebido vino o licor. 2. f. Estado producido por una intoxicacií³n de gas, benzol, etc. 3. f. Enajenamiento del ánimo....
sacrificio. (Del lat. sacrificÄ­um). 1. m. Ofrenda a una deidad en señal de homenaje o expiacií³n. 2. m. Acto del sacerdote al ofrecer en la misa el cuerpo de Cristo bajo las especies de pan y vino en honor de su Eterno Padre. 3. m. Matanza de animales, especialmente para el consumo. ...
pureza. 1. f. Cualidad de puro. 2. f. Virginidad, doncellez....
exclusividad. 1. f. Cualidad de exclusivo....
persona. (Del lat. persōna, máscara de actor, personaje teatral, este del etrusco phersu, y este del gr. πρόσωπον). 1. f. Individuo de la especie humana. 2. f. Hombre o mujer cuyo nombre se ignora o se omite. 3. f. Hombre o mujer distinguidos en la vida pública. 4. f. H...
entera. (Por *lentera, del lat. limitarÄ­a, pl. n. de limitāris, que está en el lí­mite). 1. f. Leí³n. dintel.entero, ra. (De intēgrum, acus. vulg. del lat. intĕger). 1. adj. Cabal, cumplido, completo, sin falta alguna. 2. adj. Dicho de un animal: No castrado. 3. adj. Robusto,...
momentáneo, a. (Del lat. momentanĕus). 1. adj. Que se pasa enseguida, que solo dura un momento. 2. adj. Que se ejecuta prontamente y sin dilacií³n....
permanente. (Del lat. permănens, -entis). 1. adj. Que permanece. 2. adj. coloq. Se dice de la ondulacií³n artificial del cabello que se mantiene durante largo tiempo. U. t. c. f.□ V. Diputacií³n Permanentefortificacií³n permanentegas permanente...
cerrado, da. (Del part. de cerrar). 1. adj. Estricto, rí­gido, terminante. Un criterio muy cerrado 2. adj. Dicho del acento o de la pronunciacií³n: Que presenta rasgos locales muy marcados, generalmente con dificultad para la comprensií³n. 3. adj. coloq. Dicho de una persona: Muy call...
reencuentro. 1. m. Accií³n y efecto de reencontrar. 2. m. Encuentro de dos cosas que chocan una con otra. 3. m. Choque de tropas enemigas en corto número, que mutuamente se buscan y se encuentran....
evangelio. (Del lat. evangelÄ­um, y este del gr. εὐαγγέλιον, buena nueva). 1. m. Historia de la vida, doctrina y milagros de Jesucristo, contenida en los cuatro relatos que llevan el nombre de los cuatro evangelistas y que componen el primer libro caní³nico del Nuevo Testamento. 2. ...
itinerario, ria. (Del lat. itinerarÄ­us, de iter, itinĕris, camino). 1. adj. Perteneciente o relativo a un camino. 2. m. Direccií³n y descripcií³n de un camino con expresií³n de los lugares, accidentes, paradas, etc., que existen a lo largo de él. 3. m. Ruta que se sigue para llegar ...
resurreccií³n. (Del lat. resurrectÄ­o, -ōnis). 1. f. Accií³n de resucitar. 2. f. por antonom. resurreccií³n de Jesucristo. ORTOGR. Escr. con may. inicial. 3. f. Pascua de Resurreccií³n de Cristo. ~ de la carne. 1. f. Rel. La de todos los muertos, en el dí­a del Juicio Final.□...
trigo. (Del lat. tritÄ­cum). 1. m. Género de plantas de la familia de las Gramí­neas, con espigas terminales compuestas de cuatro o más carreras de granos, de los cuales, triturados, se saca la harina con que se hace el pan. Hay muchas especies, y en ellas innumerables variedades. 2. m. Gr...
abundante. (Del ant. part. act. de abundar). 1. adj. Que abunda (‖ tiene en abundancia). 2. adj. Copioso, en gran cantidad....
plenitud. (Del lat. plenitÅ«do). 1. f. Totalidad, integridad o cualidad de pleno. 2. f. Apogeo, momento álgido o culminante de algo. Estás en la plenitud de la vida. ~ de los tiempos. 1. f. í‰poca de la Encarnacií³n de Jesucristo....
filosí³fico, ca. (Del lat. philosophÄ­cus, y este del gr. φιλοσοφικός). 1. adj. Perteneciente o relativo a la filosofí­a.□ V. duda filosí³fica...
opuesto, ta. (Del part. irreg. de oponer; lat. opposĭtus). 1. adj. contrario (‖ que se muestra completamente diferente). 2. adj. Bot. Dicho de una parte de una planta, como una hoja, una flor o una rama: Que nace enfrente de otra. 3. adj. Mat. Se dice de las cantidades cuya s...
separado, da. 1. adj. Dicho de una persona: Que ha interrumpido la vida en común con su cí³nyuge, conservando el ví­nculo matrimonial. U. t. c. s. por separado. 1. loc. adv. Considerando individualmente las personas o cosas de que se trata....
mundano, na. (Del lat. mundānus). 1. adj. Perteneciente o relativo al mundo. 2. adj. Dicho de una persona: Que atiende demasiado a las cosas del mundo, a sus pompas y placeres. 3. adj. Perteneciente o relativo a la llamada buena sociedad. 4. adj. Que frecuenta las fiestas y reun...
descendente. (Del ant. part. act. de descender). 1. adj. Que desciende.□ V. nodo descendenteprogresií³n descendentetren descendente...
posesivo, va. (Del lat. possessÄ«vus). 1. adj. Perteneciente o relativo a la posesií³n. 2. adj. Dominante y absorbente en la relacií³n con otra u otras personas. Un amante posesivo. Una madre posesiva. 3. m. Gram. adjetivo posesivo. 4. m. Gram. pronombre posesivo.□ V. dativo po...
provecho. (Del lat. profectus). 1. m. Beneficio o utilidad que se consigue o se origina de algo o por algún medio. 2. m. Utilidad o beneficio que se proporciona a alguien. 3. m. Aprovechamiento o adelantamiento en las ciencias, artes o virtudes. 4. m. coloq. Arg. y Ur. Eructo de ...
teolí³gico, ca. (Del lat. theologÄ­cus, y este del gr. θεολογικός). 1. adj. Perteneciente o relativo a la teologí­a.□ V. culpa teolí³gicalugares teolí³gicos...
vehemente. (Del lat. vehĕmens, -entis). 1. adj. Que tiene una fuerza impetuosa. Un discurso vehemente. 2. adj. Ardiente y lleno de pasií³n. 3. adj. Dicho de una persona: Que obra de forma irreflexiva, dejándose llevar por los impulsos.□ V. indicios vehementessospechas vehementes...
antagonismo. (Del gr. ἀνταγωνισμός). 1. m. Contrariedad, rivalidad, oposicií³n sustancial o habitual, especialmente en doctrinas y opiniones. ~ biolí³gico. 1. m. Interaccií³n entre organismos o sustancias que causa la pérdida de actividad de uno de ellos, como la accií³n de ...
singular. (Del lat. singulāris). 1. adj. solo (‖ único en su especie). 2. adj. Extraordinario, raro o excelente. 3. m. Gram. número singular. en ~. 1. loc. adv. en particular....
admirable. (Del lat. admirabÄ­lis). 1. adj. Digno de admiracií³n....
netamente. 1. adv. m. Con limpieza y distincií³n....
amor. (Del lat. amor, -ōris). 1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unií³n con otro ser. 2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unií³n, nos ...
descendente. (Del ant. part. act. de descender). 1. adj. Que desciende.□ V. nodo descendenteprogresií³n descendentetren descendente...
diverso, sa. (Del lat. diversus, part. pas. de divertĕre). 1. adj. De distinta naturaleza, especie, número, forma, etc. 2. adj. desemejante. 3. adj. pl. Varios, muchos....
felicidad. (Del lat. felicÄ­tas, -ātis). 1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesií³n de un bien. 2. f. Satisfaccií³n, gusto, contento. Las felicidades del mundo 3. f. Suerte feliz. Viajar con felicidad...
rí­o. (Del lat. rius, rivus, arroyo). 1. m. Corriente de agua continua y más o menos caudalosa que va a desembocar en otra, en un lago o en el mar. 2. m. Gran abundancia de una cosa lí­quida, y, por ext., de cualquier otra. Correr rí­os de tinta. 3. m. Afluencia de personas. apear el ...
brota. 1. f. brote (‖ pimpollo)....
ascenso. (Del lat. ascensus). 1. m. Promocií³n a mayor dignidad o empleo. 2. m. Cada uno de los grados señalados para el adelanto en una carrera o jerarquí­a. 3. m. p. us. subida (‖ accií³n y efecto de subir)....
descenso. (Del lat. descensus). 1. m. Accií³n y efecto de descender. 2. m. bajada (‖ camino). 3. m. Caí­da de una dignidad o estado a otro inferior. 4. m. Dep. En esquí­ alpino y piragí¼ismo, prueba que consiste en el descenso por una pendiente o declive....
patriarca. (Del lat. patriarcha, y este del gr. πατριάρχης). 1. m. Persona que por su edad y sabidurí­a ejerce autoridad en una familia o en una colectividad. 2. m. Alguno de los personajes del Antiguo Testamento que fueron cabezas de dilatadas y numerosas familias. 3. m. D...
sueño. (Del lat. somnus). 1. m. Acto de dormir. 2. m. Acto de representarse en la fantasí­a de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes. 3. m. Estos mismos sucesos o imágenes que se representan. 4. m. Gana de dormir. Tengo sueño. Me estoy cayendo de sueño. 5. m. Cierto b...
cabezal. 1. m. almohada. 2. m. En las máquinas de afeitar, pieza donde se aloja la cuchilla o las cuchillas. 3. m. En magnetí³fonos y aparatos similares, pieza que sirve para la lectura y grabacií³n de cintas magnéticas. 4. m. Mec. Pieza fija del torno en la que gira el árbol o e...
pastoral. 1. adj. Perteneciente o relativo al pastor (‖ de ganado). Literatura, música pastoral. 2. adj. Perteneciente o relativo al pastor (‖ prelado). 3. adj. Perteneciente o relativo a la poesí­a en que se pinta la vida de los pastores. 4. f. Especie de drama buc...
contemplacií³n. (Del lat. contemplatÄ­o, -ōnis). 1. f. Accií³n de contemplar. 2. f. Consideracií³n, atencií³n o miramiento que se guarda a alguien. 3. f. pl. Miramientos que cohí­ben de hacer algo....
suyo, ya. (Del lat. suus, infl. por cuius). 1. pron. poses. Formas de 3.ª persona. U. t. c. n. con la terminacií³n m. sing. de las ~s. 1. expr. Modos de expresarse u obrar que responden al carácter de una persona. U. m. en sent. peyor. Hacer de las suyas. Salir con una de las suyas. de s...
arrebatado, da. (Del part. de arrebatar). 1. adj. Precipitado e impetuoso. 2. adj. Inconsiderado y violento. 3. adj. Dicho del color del rostro: Muy encendido....
tercer. (Apí³c.). 1. adj. tercero. U. ante s.□ V. tercer gradoTercer Mundotercer poseedor...
tabernáculo. (Del lat. tabernacÅ­lum, tienda de campaña). 1. m. Sagrario donde se guarda el Santí­simo Sacramento. 2. m. Lugar donde los hebreos tení­an colocada el arca del Testamento. 3. m. Tienda en que habitaban los antiguos hebreos.□ V. fiesta de los Tabernáculos...
asunto. (Del lat. assumptus, tomado, part. de assumĕre). 1. m. Materia de que se trata. 2. m. Tema o argumento de una obra. 3. m. Aquello que se representa en una composicií³n pictí³rica o escultí³rica. 4. m. Negocio, ocupacií³n, quehacer. 5. m. Relacií³n amorosa, más o men...
Artí­culo nuevo.Avance de la vigésima tercera edicií³nafligido, da. 1. adj. Dicho de una persona: Que siente o muestra afliccií³n. Habí­a una cola de deudos afligidos. U. t. c. s. 2. adj. Que implica o denota afliccií³n. Tiene una expresií³n afligida....
genérico, ca. 1. adj. Común a varias especies. 2. adj. Dicho de un medicamento: Que tiene la misma composicií³n que un especí­fico, y se comercializa bajo la denominacií³n de su principio activo. U. t. c. s. m. 3. adj. Gram. Perteneciente o relativo al género. Desinencia genérica.□ ...
caricatura. (Del it. caricatura). 1. f. Dibujo satí­rico en que se deforman las facciones y el aspecto de alguien. 2. f. Obra de arte que ridiculiza o toma en broma el modelo que tiene por objeto. 3. f. despect. Obra que no alcanza a ser aquello que pretende. 4. f. pl. El Salv. ...
sintéticamente. 1. adv. m. De manera sintética....
contrapuesto, ta. (Del lat. contraposÄ­tus). 1. part. irreg. de contraponer....
subrayado, da. (Del part. de subrayar). 1. adj. Dicho de una letra, de una palabra o de una frase: Que en lo impreso va en forma distinta del empleado generalmente en la impresií³n. 2. m. Accií³n y efecto de subrayar....
contradictorio, ria. (Del lat. contradictorÄ­us). 1. adj. Que tiene contradiccií³n con algo. 2. f. Fil. Cada una de las dos proposiciones, de las cuales una afirma lo que la otra niega, y no pueden ser a un mismo tiempo verdaderas ni a un mismo tiempo falsas.□ V. juicio contradictoriopro...
uní­voco, ca. (Del lat. univŏcus). 1. adj. Que tiene igual naturaleza o valor que otra cosa. U. t. c. s. 2. adj. Fil. Dicho de un término: Que se predica de varios individuos con la misma significacií³n. U. t. c. s. Animal es término uní­voco que conviene a todos los vivientes dotados de ...
puntualizacií³n. 1. f. Precisií³n para aclarar, completar o corregir algo....
remite. 1. m. Nota que se pone en los sobres, paquetes, etc., enviados por correo, en la que constan el nombre y direccií³n de la persona que los enví­a....
creador, ra. (Del lat. creātor, -ōris). 1. adj. Que crea, establece o funda algo. Poeta, artista, ingeniero creador. Facultades creadoras. Mente creadora. U. t. c. s. 2. adj. Se dice propiamente de Dios, que sací³ todas las cosas de la nada. U. m. c. s. ORTOGR. Escr. con may. inicial c. ...
amado, da. (Del part. de amar). 1. m. y f. Persona amada....
personalmente. 1. adv. m. En persona o por sí­ mismo....
predileccií³n. (Del lat. prae, pre-, y dilectÄ­o, -ōnis). 1. f. Cariño especial con que se distingue a alguien o algo entre otros....
suyo, ya. (Del lat. suus, infl. por cuius). 1. pron. poses. Formas de 3.ª persona. U. t. c. n. con la terminacií³n m. sing. de las ~s. 1. expr. Modos de expresarse u obrar que responden al carácter de una persona. U. m. en sent. peyor. Hacer de las suyas. Salir con una de las suyas. de s...
calificado, da. (Del part. de calificar). 1. adj. Dicho de una persona: De autoridad, mérito y respeto. 2. adj. Dicho de una cosa: Que tiene todos los requisitos necesarios. Pruebas muy calificadas. 3. adj. Dicho de un trabajador: cualificado....
descrito, ta. (Del ant. descripto). 1. part. irreg. de describir....
erí³tico, ca. (Del lat. erotÄ­cus, y este del gr. ἐρωτικός). 1. adj. Perteneciente o relativo al amor sensual. 2. adj. Que excita el apetito sexual. 3. adj. Dicho de una poesí­a: amatoria (‖ relativa al amor). 4. adj. Dicho de un poeta: Que cultiva la poesí­a ama...
ilustrado, da. (Del part. de ilustrar). 1. adj. Dicho de una persona: Culta e instruida. 2. adj. Perteneciente o relativo a la Ilustracií³n (‖ movimiento filosí³fico y cultural del siglo XVIII). 3. m. y f. Persona que participaba en el movimiento de la Ilustracií³n.□ V. despo...
metáfora. (Del lat. metaphŏra, y este del gr. μεταφορά, traslacií³n). 1. f. Ret. Tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparacií³n tácita; p. ej., Las perlas del rocí­o. La primavera de la vida. Refrenar las pasiones. 2. ...
noviazgo. 1. m. Condicií³n o estado de novio. 2. m. Tiempo que dura....
idolatrí­a. (Del b. lat. idolatrÄ«a, y este del gr. εἰδωλολατρεία). 1. f. Adoracií³n que se da a los í­dolos. 2. f. Amor excesivo y vehemente a alguien o algo....
visto, ta. (Del part. irreg. de ver; lat. visÄ­tus). 1. adj. U. como fí³rmula con que se significa que no procede dictar resolucií³n respecto de un asunto. 2. adj. Der. U. como fí³rmula para dar por terminada la vista pública de un negocio, o para anunciar el pronunciamiento del fallo. 3....
rito1. (Del lat. ritus). 1. m. Costumbre o ceremonia. 2. m. Conjunto de reglas establecidas para el culto y ceremonias religiosas. ~ abisinio. 1. m. El seguido por los catí³licos romanos de ífrica central bajo la autoridad de un vicario apostí³lico residente en Abisinia. ~ doble. 1...
humanismo. 1. m. Cultivo o conocimiento de las letras humanas. 2. m. Movimiento renacentista que propugna el retorno a la cultura grecolatina como medio de restaurar los valores humanos. 3. m. Doctrina o actitud vital basada en una concepcií³n integradora de los valores humanos....
contigo. (Del lat. cum, con, y tecum, contigo). 1. pron. person. Forma de la 2.ª persona, ti, precedida de la preposicií³n con....
gratuitamente. 1. adv. m. De gracia, sin interés. 2. adv. m. Sin fundamento. Afirmar gratuitamente...
gratuidad. (Del fr. gratuité, y este del lat. tardí­o gratuitas, -ātis). 1. f. Cualidad de gratuito....
roto, ta. (Del part. irreg. de romper; lat. ruptus). 1. adj. Andrajoso y que lleva rotos los vestidos. U. t. c. s. 2. adj. Dicho de una persona: Licenciosa, libre y desbaratada en las costumbres y modo de vida. 3. adj. Se dice de las mismas costumbres y vida de semejante persona. 4. ...
alianza. (De aliar). 1. f. Accií³n de aliarse dos o más naciones, gobiernos o personas. 2. f. Pacto o convencií³n. 3. f. Conexií³n o parentesco contraí­do por casamiento. 4. f. Anillo matrimonial o de esponsales. 5. f. Unií³n de cosas que concurren a un mismo fin.□ V. arca...
entraña. (Del pl. n. lat. interanĕa, intestinos). 1. f. Cada uno de los í³rganos contenidos en las principales cavidades del cuerpo humano y de los animales. 2. f. Parte más í­ntima o esencial de una cosa o asunto. 3. f. pl. Cosa más oculta y escondida. Las entrañas de la tierra, de...
ardor1. (Del lat. ardor, -ōris). 1. m. Calor grande. 2. m. Sensacií³n de calor o rubor en alguna parte del cuerpo. 3. m. Brillo, resplandor. 4. m. Encendimiento, enardecimiento de los afectos y pasiones. 5. m. Viveza, ansia, anhelo. ~ de estí³mago. 1. m. acidez (...
cí³lera1. (Del lat. cholĕra, y este del gr. χολέρα, de χολή, bilis). 1. f. Ira, enojo, enfado. 2. f. bilis (‖ jugo amarillento). 3. m. Med. Enfermedad epidémica aguda de origen bacteriano, caracterizada por ví³mitos repetidos y diarrea severa. ~ asiático. 1. ...
apasionado, da. (Del part. de apasionar). 1. adj. Poseí­do de alguna pasií³n o afecto. U. t. c. s. 2. adj. Partidario de alguien, o afecto a él. U. t. c. s. 3. adj. Se decí­a de la parte del cuerpo afectada de algún dolor o enfermedad. 4. m. germ. Alcaide de la cárcel....
subrayar. 1. tr. Señalar por debajo con una raya alguna letra, palabra o frase escrita, para llamar la atencií³n sobre ella o con cualquier otro fin. 2. tr. recalcar (‖ decir las palabras con lentitud)....
metafí­sica. (Del gr. tardí­o μετὰ [τὰ] φυσικά, después de los [libros] fí­sicos, designacií³n que se aplicí³ en la ordenacií³n de las obras de Aristí³teles a los libros de la filosofí­a primera). 1. f. Parte de la filosofí­a que trata del ser en cuanto tal, y de sus propiedades,...
primordial. (Del lat. primordiālis). 1. adj. Primitivo, primero. Se dice del principio fundamental de cualquier cosa....
amante1. (Del ant. part. act. de amar; lat. amans, -antis). 1. adj. Que ama. U. t. c. s. 2. adj. Se dice de las cosas en que se manifiesta el amor o que se refieren a él. 3. m. pl. Hombre y mujer que se aman. 4. com. querido.amante2. (Del gr. ἱμάς, -άντος, correa). ...
justificado, da. (Del part. de justificar). 1. adj. Conforme a justicia y razí³n. 2. adj. Que obra según justicia y razí³n....
judí­a. (Quizá de judí­o). 1. f. Planta herbácea anual, de la familia de las Papilionáceas, con tallos endebles, volubles, de tres a cuatro metros de longitud, hojas grandes, compuestas de tres hojuelas acorazonadas unidas por la base, flores blancas en grupos axilares, y fruto en vainas aplast...
hombre. (Del lat. homo, -Ä­nis). 1. m. Ser animado racional, varí³n o mujer. 2. m. varí³n (‖ ser humano del sexo masculino). 3. m. Varí³n que ha llegado a la edad adulta. 4. m. Grupo determinado del género humano. El hombre europeo El hombre del Renacimiento 5. m. Ind...
junto, ta. (Del lat. iunctus). 1. adj. Unido, cercano. 2. adj. Que obra o que es juntamente con otra persona, a la vez o al mismo tiempo que ella. U. m. en pl. 3. adv. l. Juntamente, cerca, al lado. de por junto. 1. loc. adv. por mayor. en junto. 1. loc. adv. En total. Ten...
aní³nimo, ma. (Del gr. ἀνώνυμος, sin nombre). 1. adj. Dicho de una obra o de un escrito: Que no lleva el nombre de su autor. U. t. c. s. 2. adj. Dicho de un autor: Cuyo nombre se desconoce. U. t. c. s. m. 3. adj. Com. Dicho de una compañí­a o de una sociedad: Que se forma po...
bestia. (Del lat. bestÄ­a). 1. f. Animal cuadrúpedo. 2. f. Animal doméstico de carga; p. ej., el caballo, la mula, etc. 3. f. monstruo (‖ ser fantástico). 4. com. Persona ruda e ignorante. U. t. c. adj. ~ de albarda. 1. f. asno. Era u. como fí³rmula en las sentencias...
salvaje. (Del cat. y prov. salvatge). 1. adj. No cultivado. Se aplica a las plantas silvestres. 2. adj. Se dice del animal que no es doméstico, y generalmente de los animales feroces. 3. adj. Se aplica al terreno montuoso, áspero e inculto. 4. adj. Sumamente necio, terco, zafio ...
pájaro. (Del ant. pássaro). 1. m. Ave, especialmente si es pequeña. 2. m. perdigí³n (‖ perdiz macho para reclamo). 3. m. Hombre astuto y sagaz, que suele suscitar recelos. U. t. c. adj. 4. m. Zool. Ave paseriforme. 5. m. C. Rica y Cuba. Hombre homosexual. 6. m. c...
costilla. (Del lat. costa). 1. f. Cada uno de los huesos largos y encorvados que nacen del espinazo y van hacia el pecho. 2. f. Cosa de forma de costilla. Las costillas de las ruecas, las de las sillas. 3. f. coloq. caudal (‖ hacienda). 4. f. coloq. Mujer propia. 5. f...
precisa. 1. f. V. preciso.preciso, sa. (Del lat. praecīsus). 1. adj. Necesario, indispensable, que es menester para un fin. 2. adj. Puntual, fijo, exacto, cierto, determinado. Llegar al tiempo preciso 3. adj. Distinto, claro y formal. 4. adj. Dicho del lenguaje, del estilo,...
platí³n. 1. m. Am. Recipiente de gran tamaño y de diversos usos según las comarcas: jofaina, cazuela, fuente, etc....
esférico, ca. (Del lat. sphaerÄ­cus, y este del gr. σφαιρικός). 1. adj. Geom. Perteneciente o relativo a la esfera. 2. adj. Que tiene su figura. 3. m. Dep. balí³n.□ V. ángulo esféricocasquete esféricoepicicloide esféricahuso esféricosector esféricosegmento esféricotriángul...
autosuficiente. 1. adj. Que se basta a sí­ mismo. 2. adj. suficiente (‖ que habla o actúa con suficiencia)....
soberbia. (Del lat. superbÄ­a). 1. f. Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros. 2. f. Satisfaccií³n y envanecimiento por la contemplacií³n de las propias prendas con menosprecio de los demás. 3. f. Especialmente hablando de los edificios, exceso en la magnificencia, sunt...
recobrar. (Del lat. recuperāre). 1. tr. Volver a tomar o adquirir lo que antes se tení­a o poseí­a. Recobrar las alhajas, la salud, el honor. 2. prnl. Recuperarse de un daño recibido. 3. prnl. desquitarse (‖ reintegrarse de lo perdido). 4. prnl. Volver en sí­ de la enaje...
incompleto, ta. (Del lat. incomplētus). 1. adj. No completo.□ V. flor incompleta...
pasaje. 1. m. Accií³n de pasar de una parte a otra. 2. m. Derecho que se paga por pasar por un lugar. 3. m. Sitio o lugar por donde se pasa. 4. m. Precio que se paga en los viajes marí­timos y aéreos por el transporte de una o más personas. 5. m. Boleto o billete para un via...
destino. (De destinar1). 1. m. hado (‖ fuerza desconocida que se cree obra sobre los hombres y los sucesos). 2. m. Encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal. 3. m. Circunstancia de serle favorable o adversa esta supuesta manera de ocurrir los sucesos a al...
monoteí­sta. 1. adj. Que profesa el monoteí­smo. U. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo al monoteí­smo....
moní³gamo, ma. (Del lat. monogămus, y este del gr. μονόγαμος). 1. adj. Casado con una sola mujer. U. t. c. s. 2. adj. Que se ha casado una sola vez. U. t. c. s. 3. adj. Zool. Dicho de un animal: Que solo se aparea con un individuo del otro sexo....
icono o í­cono. (Del fr. icí´ne, este del ruso ikona, y este del gr. bizant. εἰκών, -όνος). 1. m. Representacií³n religiosa de pincel o relieve, usada en las iglesias cristianas orientales. 2. m. Tabla pintada con técnica bizantina. 3. m. Signo que mantiene una relacií³n d...
viceversa. (Del lat. vice y versa, vuelta). 1. adv. m. Al contrario, por lo contrario; cambiadas dos cosas recí­procamente. 2. m. Cosa, dicho o accií³n al revés de lo que lí³gicamente debe ser o suceder....
entrever. 1. tr. Ver confusamente algo. 2. tr. Conjeturar algo, sospecharlo, adivinarlo.¶ MORF. conjug. c. ver; part. irreg. entrevisto....
compenetracií³n. 1. f. Accií³n y efecto de compenetrarse....
testamento. (Del lat. testamentum). 1. m. Declaracií³n que de su última voluntad hace alguien, disponiendo de bienes y de asuntos que le atañen para después de su muerte. 2. m. Documento donde consta en forma legal la voluntad del testador. 3. m. Obra en que un autor, en el último per...
originalidad. 1. f. Cualidad de original. 2. f. Actitud, comportamiento o accií³n originales (‖ con carácter de novedad)....
inaudito, ta. (Del lat. inaudÄ«tus). 1. adj. Nunca oí­do. 2. adj. Monstruoso, extremadamente vituperable....
abstracto, ta. (Del lat. abstractus). 1. adj. Que significa alguna cualidad con exclusií³n del sujeto. 2. adj. Dicho del arte o de un artista: Que no pretende representar seres o cosas concretos y atiende solo a elementos de forma, color, estructura, proporcií³n, etc. en abstracto. 1. ...
imprevisible. 1. adj. Que no se puede prever....
inaudito, ta. (Del lat. inaudÄ«tus). 1. adj. Nunca oí­do. 2. adj. Monstruoso, extremadamente vituperable....
dramática. 1. f. V. dramático.dramático, ca. (Del lat. dramatÄ­cus, y este del gr. δραματικός). 1. adj. Perteneciente o relativo al drama. 2. adj. Que posee caracteres propios del drama, o que es apto o conveniente para él. Lenguaje, talento dramático 3. adj. Dicho de ...
doliente. (Del ant. part. act. de doler; lat. dolens, -entis). 1. adj. Que duele o se duele. 2. adj. enfermo (‖ que padece enfermedad). U. t. c. s. 3. adj. dolorido (‖ afligido). 4. adj. ant. Se decí­a del tiempo, estacií³n o lugar en que se padecen enfermedades. 5...
extraviado, da. (Del part. de extraviar). 1. adj. De costumbres desordenadas. 2. adj. Dicho de un lugar: Poco transitado, apartado....
dracma. (Del lat. drachma, y este del gr. δραχμή). 1. amb. Unidad monetaria griega. 2. amb. Antigua moneda griega de plata. 3. f. Medida de peso utilizada en farmacia, equivalente a la octava parte de una onza, es decir, tres escrúpulos o 3594 mg....
prí³digo, ga. (Del lat. prodÄ­gus). 1. adj. Dicho de una persona: Que desperdicia y consume su hacienda en gastos inútiles, sin medida ni razí³n. U. t. c. s. 2. adj. Que desprecia generosamente la vida u otra cosa estimable. 3. adj. Muy dadivoso. 4. adj. Que tiene o produce gran ...
mero2, ra. (Del lat. merus). 1. adj. Puro, simple y que no tiene mezcla de otra cosa. U. en sentido moral e intelectual. 2. adj. Insignificante, sin importancia.□ V. el mero petateromero imperio...
costado. (Del lat. costātus, que tiene costillas). 1. m. Cada una de las dos partes laterales del cuerpo humano que están entre pecho, espalda, sobacos y vací­os. 2. m. Lado derecho o izquierdo de un ejército. 3. m. lado. 4. m. Mar. Cada uno de los dos lados del casco de un buqu...
cena1. (Del lat. cena). 1. f. íšltima comida del dí­a, que se hace al atardecer o por la noche. 2. f. Accií³n de cenar. La cena durí³ tres horas. 3. f. Reunií³n de personas para cenar. ~ del rey. 1. f. En Navarra y Aragí³n, tributo que se pagaba al rey para su mesa, y equivalí­a...
maná. (Del lat. manna, este del gr. μάννα, y este del hebr. man, exudacií³n de una variedad de tamarindo). 1. m. Manjar milagroso, enviado por Dios a modo de escarcha, para alimentar al pueblo de Israel en el desierto. 2. m. Lí­quido azucarado que fluye espontáneamente o por incisií³...
aquel, lla, llo. (Del lat. eccum, he aquí­, e ille, illa, illud). 1. pron. dem. Designa lo que fí­sica o mentalmente está lejos de la persona que habla y de la persona con quien se habla. U. las formas m. y f. c. adj. y c. s. ORTOGR. En este último caso escr. con acento cuando existe riesgo de ...
pasivo, va. (Del lat. passÄ«vus). 1. adj. Se dice del sujeto que recibe la accií³n del agente, sin cooperar con ella. 2. adj. Dicho de una persona: Que deja obrar a los demás, sin hacer por sí­ cosa alguna. 3. adj. Se dice del haber o de la pensií³n que disfrutan algunas personas en v...
encarnado, da. (Del part. de encarnar). 1. adj. De color de carne. U. t. c. s. m. 2. adj. colorado (‖ rojo). 3. m. Color de carne que se da a las estatuas.□ V. diablo encarnadolápiz encarnadoperpetua encarnada...
inconcebible. 1. adj. Que no puede concebirse (‖ comprenderse)....
sacramento. (Del lat. sacramentum). 1. m. Cada uno de los siete signos sensibles de un efecto interior y espiritual que Dios obra en nuestras almas. 2. m. Cristo sacramentado en la hostia. 3. m. Misterio, cosa arcana. 4. m. Arg. medianoche (‖ bollo pequeño). 5. m. Arg...
abajamiento. 1. m. Accií³n y efecto de abajar. 2. m. ant. bajeza (‖ abatimiento, humillacií³n)....
prestar. (Del lat. praestāre). 1. tr. Entregar algo a alguien para que lo utilice durante algún tiempo y después lo restituya o devuelva. 2. tr. Ayudar, asistir o contribuir al logro de algo. 3. tr. Dar o comunicar. 4. tr. Tener u observar. Prestar atencií³n, paciencia, silenci...
sacramental. 1. adj. Perteneciente o relativo a los sacramentos. 2. adj. Se dice de los remedios que tiene la Iglesia para sanar el alma y limpiarla de los pecados veniales, y de las penas debidas por estos y por los mortales; p. ej., el agua bendita, las indulgencias y los jubileos. U. t....
cristiano, na. (Del lat. christiānus, y este del gr. χριστιανός). 1. adj. Perteneciente o relativo a la religií³n de Cristo. 2. adj. Que profesa la fe de Cristo. U. t. c. s. 3. adj. coloq. Dicho del vino: aguado. 4. m. Hermano o prí³jimo. 5. m. coloq. Persona o a...
corporalmente. 1. adv. m. Con el cuerpo....
fundamento. (Del lat. fundamentum). 1. m. Principio y cimiento en que estriba y sobre el que se apoya un edificio u otra cosa. 2. m. Seriedad, formalidad de una persona. Este niño no tiene fundamento. 3. m. Razí³n principal o motivo con que se pretende afianzar y asegurar algo. 4. ...
derivar. (Del lat. derivāre). 1. intr. Dicho de una cosa: Traer su origen de otra. U. t. c. prnl. 2. intr. Gram. Dicho de una palabra: Proceder de cierta raí­z o de alguna otra palabra. U. t. c. tr. y c. prnl. Algunos derivan adrede del latí­n ad directum, pero otros no. 3. intr. Ma...
paralelamente. 1. adv. m. Con paralelismo....
contraposicií³n. (Del lat. contrapositÄ­o, -ōnis). 1. f. Accií³n y efecto de contraponer....
eucarí­stico, ca. (Del lat. eucharistÄ­cus, y este del gr. εὐχαριστικός). 1. adj. Rel. Perteneciente o relativo a la eucaristí­a. Especies eucarí­sticas. Sacramento eucarí­stico. 2. adj. Dicho de una obra en prosa o en verso: Cuyo fin es dar gracias.□ V. pan eucarí­stico...
amado, da. (Del part. de amar). 1. m. y f. Persona amada....
comporte. (De comportar). 1. m. proceder2. 2. m. p. us. Aire o manejo del cuerpo. 3. m. ant. Conformidad en el sufrimiento. 4. m. germ. mesonero (‖ dueño de un mesí³n)....
fragmentario, ria. 1. adj. Que aparece en fragmentos. 2. adj. Incompleto, no acabado....
mero2, ra. (Del lat. merus). 1. adj. Puro, simple y que no tiene mezcla de otra cosa. U. en sentido moral e intelectual. 2. adj. Insignificante, sin importancia.□ V. el mero petateromero imperio...
mandado, da. (Del part. de mandar). 1. m. y f. Persona que ejecuta una comisií³n por encargo ajeno. 2. m. Orden, precepto, mandamiento. 3. m. Comisií³n que se da en paraje distinto de aquel en que ha de ser desempeñada. 4. m. Cuba, Méx. y Nic. Compra de lo necesario para la comid...
epulí³n. (Del lat. epÅ­lo, -ōnis). 1. m. Hombre que come y se regala mucho....
condenado, da. (Del part. de condenar). 1. adj. réprobo. U. t. c. s. 2. adj. Endemoniado, perverso, nocivo. como un ~. 1. loc. adv. coloq. Con exceso, más de lo habitual. Corre como un condenado....
frí­volamente. 1. adv. m. Con frivolidad....
necesitado, da. (Del part. de necesitar). 1. adj. Que carece de lo necesario para vivir. U. t. c. s....
grito. (De gritar). 1. m. Voz muy esforzada y levantada. 2. m. Expresií³n proferida con esta voz. 3. m. Manifestacií³n vehemente de un sentimiento general. 4. m. Chirrido de los hielos de los mares glaciales al ir a quebrarse por estar sometidos a presiones. último ~. 1. m....
recto, ta. (Del lat. rectus). 1. adj. Que no se inclina a un lado ni a otro, ni hace curvas o ángulos. 2. adj. Dicho de un tipo de vestido o de una parte de él: Que es de corte sencillo, sin pinzas, pliegues, etc. Pantalí³n recto Falda, manga recta 3. adj. Dicho del movimiento o de un...
conciudadano, na. (De con- y ciudadano). 1. m. y f. Cada uno de los ciudadanos de una misma ciudad, respecto de los demás. 2. m. y f. Cada uno de los naturales de una misma nacií³n, respecto de los demás....
compacto, ta. (Del lat. compactus, part. pas. de compingĕre, unir, juntar). 1. adj. Dicho de un cuerpo: De textura apretada y poco porosa. La caoba es más compacta que el pino. 2. adj. Dicho de un equipo estereofí³nico: Que reúne en una sola pieza diversos aparatos para la reproduccií³n d...
abstracto, ta. (Del lat. abstractus). 1. adj. Que significa alguna cualidad con exclusií³n del sujeto. 2. adj. Dicho del arte o de un artista: Que no pretende representar seres o cosas concretos y atiende solo a elementos de forma, color, estructura, proporcií³n, etc. en abstracto. 1. ...
exigente. (Del ant. part. act. de exigir; lat. exÄ­gens, -entis). 1. adj. Dicho de una persona: Que exige caprichosa o despí³ticamente. U. t. c. s....
lejaní­a. (De lejano). 1. f. Cualidad de lejano en el espacio o en el tiempo. 2. f. Parte remota o distante de un lugar, de un paisaje o de una vista panorámica....
proximidad. (Del lat. proximÄ­tas, -ātis). 1. f. Cualidad de prí³ximo. 2. f. Lugar prí³ximo. U. m. en pl....
vista. (Del lat. tardí­o *vista). 1. f. Sentido corporal con que se perciben los objetos mediante la accií³n de la luz. 2. f. visií³n (‖ accií³n y efecto de ver). 3. f. Apariencia o disposicií³n de las cosas en orden al sentido del ver. Hay muy buena vista desde aquí­ 4. f...
hambriento, ta. 1. adj. Que tiene mucha hambre (‖ gana y necesidad de comer). U. t. c. s. 2. adj. Que tiene hambre (‖ apetito o deseo de algo). 3. adj. Ec. tacaño (‖ miserable)....
sediento, ta. 1. adj. Que tiene sed. Apl. a pers., u. t. c. s. 2. adj. Dicho de un campo, de una tierra o de una planta: Que necesita de humedad o riego. 3. adj. Que con ansia desea algo....
forastero, ra. (Del cat. foraster). 1. adj. Que es o viene de fuera del lugar. 2. adj. Dicho de una persona: Que vive o está en un lugar de donde no es vecina y donde no ha nacido. U. t. c. s. 3. adj. Extraño, ajeno.□ V. guí­a de forasteros...
desnudo, da. (Del lat. nudus, desnudo, infl. por desnudar). 1. adj. Sin vestido. 2. adj. Muy mal vestido o indecente. 3. adj. Falto o despojado de lo que cubre o adorna. 4. adj. Falto de recursos, sin bienes de fortuna. 5. adj. Falto de algo no material. Desnudo de méritos, ...
humilde. (Del lat. humĭlis, con infl. de humildad). 1. adj. Que tiene humildad. 2. adj. Dicho de una cosa: baja (‖ de poca altura). 3. adj. Carente de nobleza. 4. adj. Que vive modestamente....
conmigo. (Del lat. cum, con, y mecum, conmigo). 1. pron. person. Forma de la 1.ª persona, mí­, precedida de la preposicií³n con....
mandar. (Del lat. mandāre). 1. tr. Dicho del superior: Ordenar al súbdito. 2. tr. Imponer un precepto. 3. tr. Legar, dejar a alguien algo en testamento. 4. tr. Enviar a alguien o remitir algo. 5. tr. Encomendar o encargar algo. 6. tr. Manifestar la voluntad de que se ...
cuenta1. 1. f. Accií³n y efecto de contar. 2. f. Cálculo u operacií³n aritmética. Cuenta de multiplicar 3. f. Pliego o papel en que está escrita alguna razí³n compuesta de varias partidas, que al fin se suman o restan. 4. f. Depí³sito de dinero en una entidad financiera. 5. ...
respaldar1. (De respaldo). 1. m. Parte del asiento en que descansa la espalda. 2. m. En los troncos de los árboles, derrame de jugos producido por golpes violentos. respaldar2. 1. tr. Sentar, notar o apuntar algo en el respaldo de un escrito. 2. tr. Proteger, apoyar, garantizar. ...
amo. (De ama). 1. m. Cabeza o señor de la casa o familia. 2. m. Dueño o poseedor de algo. 3. m. Hombre que tiene uno o más criados, respecto de ellos. 4. m. Persona que tiene predominio o ascendiente decisivo sobre otra u otras. 5. m. U. a veces como tratamiento dirigido al ...
mentiroso, sa. 1. adj. Que tiene costumbre de mentir. U. t. c. s. 2. adj. Dicho de un libro o de un escrito: Que tiene muchos errores o erratas. 3. adj. Engañoso, aparente, fingido, falso. Bienes mentirosos....
explí­citamente. 1. adv. m. Expresa y claramente....
estrechamente. 1. adv. m. Con estrechez. 2. adv. m. Exacta y puntualmente. 3. adv. m. Rigurosamente, con toda eficacia. 4. adv. m. Con cercano parentesco, con í­ntima relacií³n....
entrelazado. 1. m. Accií³n y efecto de entrelazar. 2. m. Motivo ornamental formado por elementos que se entrelazan....
cerrar. (Del lat. *serrare, de serāre). 1. tr. Asegurar con cerradura, pasador, pestillo, tranca u otro instrumento, una puerta, ventana, tapa, etc., para impedir que se abra. 2. tr. Encajar en su marco la hoja o las hojas de una puerta, balcí³n, ventana, etc., de manera que impidan el p...
resucitado. (Del part. de resucitar).□ V. pájaro resucitadopiojo resucitado...
guiado, da. (Del part. de guiar). 1. adj. Que se lleva con guí­a o pí³liza....
caminar. (De camino). 1. tr. Andar determinada distancia. Hoy he caminado diez kilí³metros. 2. intr. Ir de viaje. 3. intr. Dicho de un hombre o de un animal: Ir andando de un lugar a otro. 4. intr. Dicho de una cosa inanimada: Seguir su curso. Caminar los rí­os, los planetas. 5....
naciente. (Del ant. part. act. de nacer; lat. nascens, -entis). 1. adj. Que nace. 2. adj. Muy reciente, que comienza a ser o manifestarse. 3. adj. Heráld. Dicho de un animal: Cuya cabeza o cuello salen por encima de una pieza del escudo. 4. m. p. us. Este (‖ punto cardina...
ausente. (Del lat. absens, -entis). 1. adj. Dicho de una persona: Que está separada de otra persona o de un lugar, y especialmente de la poblacií³n en que reside. U. t. c. s. 2. adj. Distraí­do, ensimismado. 3. com. Der. Persona de quien se ignora si vive todaví­a y dí³nde está....
sucesivo, va. (Del lat. successÄ«vus). 1. adj. Dicho de una cosa: Que sucede o se sigue a otra. en lo ~. 1. loc. adv. En el tiempo que ha de seguir al momento en que se está....
refleja. 1. f. V. reflejo.reflejo, ja. (Del lat. reflexus). 1. adj. Que ha sido reflejado. 2. adj. Se dice del conocimiento o consideracií³n que se forma de algo para reconocerlo mejor. 3. adj. Dicho del movimiento, de la secrecií³n, del sentimiento, etc.: Que se producen involun...
liturgia. (Del b. lat. liturgÄ­a, y este del gr. λειτουργία, servicio público). 1. f. Orden y forma con que se llevan a cabo las ceremonias de culto en las distintas religiones. 2. f. Ritual de ceremonias o actos solemnes no religiosos. ~ de las horas. 1. f. oficio divino....
chispa. (Voz onomat.). 1. f. Partí­cula encendida que salta de la lumbre, del hierro herido por el pedernal, etc. 2. f. Gota de lluvia menuda y escasa. 3. f. Partí­cula de cualquier cosa. No le dieron ni una chispa de pan. Saltí³ de la sartén una chispa de aceite. 4. f. Porcií³n ...
visible. (Del lat. visibÄ­lis). 1. adj. Que se puede ver. 2. adj. Tan cierto y evidente que no admite duda. 3. adj. Dicho de una persona: Notable y que llama la atencií³n por alguna singularidad.□ V. espectro visible...
entendimiento. 1. m. Potencia del alma, en virtud de la cual concibe las cosas, las compara, las juzga, e induce y deduce otras de las que ya conoce. 2. m. Alma, en cuanto discurre y raciocina. 3. m. Razí³n humana. 4. m. Buen acuerdo, relacií³n amistosa entre los pueblos o sus go...
abarca. (De or. prerromano). 1. f. Calzado de cuero crudo que cubre solo la planta de los pies, con reborde en torno, y se asegura con cuerdas o correas sobre el empeine y el tobillo. Se hace también de caucho. 2. f. Cantb. y Pal. zueco (‖ zapato de madera)....
maduro, ra. (Del lat. matÅ«rus). 1. adj. Que está en sazí³n. 2. adj. Prudente, juicioso, sesudo. 3. adj. Dicho de una persona: Entrada en años. 4. adj. Nic. Dicho de una herida o de un grano: Que está infectado. 5. m. Bol., Col. y Ec. plátano guineo.□ V. edad maduratabaco ...
fiel. (Del lat. fidēlis). 1. adj. Que guarda fe, o es constante en sus afectos, en el cumplimiento de sus obligaciones y no defrauda la confianza depositada en él. 2. adj. Exacto, conforme a la verdad. Fiel traslado. Memoria fiel. 3. adj. Que tiene en sí­ las condiciones y circunstan...
auténtico, ca. (Del lat. authentÄ­cus, y este del gr. αὐθεντικός). 1. adj. Acreditado de cierto y positivo por los caracteres, requisitos o circunstancias que en ello concurren. 2. adj. coloq. Honrado, fiel a sus orí­genes y convicciones. Es un tí­o muy auténtico 3. adj. a...
desear. (De deseo). 1. tr. Aspirar con vehemencia al conocimiento, posesií³n o disfrute de algo. 2. tr. Anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso. 3. tr. Sentir apetencia sexual hacia alguien....
mandamiento. (De mandar). 1. m. Precepto u orden de un superior a un inferior. 2. m. Cada uno de los preceptos del Decálogo y de la Iglesia. 3. m. Der. Despacho del juez, por escrito, mandando ejecutar algo. 4. m. pl. coloq. Los cinco dedos de la mano. Come con los cinco mandami...
mí­o, a. (Del lat. meus). 1. pron. poses. Formas de 1.ª persona. U. t. c. n. con la terminacií³n m. sing. 2. pron. poses. Pospuesto a ciertos sustantivos, expresa cariño. a mí­a sobre tuya. 1. loc. adv. A golpes, a porfí­a, apresuradamente. de mí­o. 1. loc. adv. Sin valerme de...
enunciado. (Del part. de enunciar). 1. m. enunciacií³n. 2. m. Gram. Secuencia finita de palabras delimitada por pausas muy marcadas, que puede estar constituida por una o varias oraciones....
apariencia. (Del lat. apparentÄ­a). 1. f. Aspecto o parecer exterior de alguien o algo. 2. f. Verosimilitud, probabilidad. 3. f. Cosa que parece y no es. 4. f. En el teatro, escena pintada sobre lienzo o representada con actores y muñecos, oculta por una cortina que se descorre e...
exterior. (Del lat. exterÄ­or, -ōris). 1. adj. Que está por la parte de fuera. U. t. c. s. 2. adj. Dicho de una habitacií³n o de una vivienda: Que tiene vistas a la calle. U. t. c. s. 3. adj. Perteneciente o relativo a otros paí­ses, por contraposicií³n a nacional e interior. Comerci...
anhelo. (Del lat. anhēlus). 1. m. Deseo vehemente....
gesto. (Del lat. gestus). 1. m. Movimiento del rostro, de las manos o de otras partes del cuerpo con que se expresan diversos afectos del ánimo. 2. m. Movimiento exagerado del rostro por hábito o enfermedad. 3. m. Contorsií³n burlesca del rostro. 4. m. Semblante, cara, rostro. 5....
encargado, da. (Del part. de encargar). 1. adj. Que ha recibido un encargo. U. t. c. s. 2. m. y f. Persona que tiene a su cargo una casa, un establecimiento, un negocio, etc., en representacií³n del dueño. ~ de negocios. 1. m. y f. Agente diplomático, inferior en categorí­a al minist...
imprescindible. (De in-2 y prescindible). 1. adj. Dicho de una persona o de una cosa: De que no se puede prescindir. 2. adj. Necesario, obligatorio. Para entrar, es imprescindible identificarse....
piadoso, sa. (Del ant. piadad, piedad). 1. adj. Benigno, blando, misericordioso, que se inclina a la piedad y conmiseracií³n. 2. adj. Dicho de una cosa: Que mueve a compasií³n o se origina de ella. 3. adj. Religioso, devoto....
religioso, sa. (Del lat. religiōsus). 1. adj. Perteneciente o relativo a la religií³n o a quienes la profesan. 2. adj. Que tiene religií³n, y particularmente que la profesa con celo. 3. adj. Que ha profesado en una orden o congregacií³n religiosa. U. t. c. s. 4. adj. Fiel y exac...
marchito, ta. (Del mozár. *marčiá¹­[o], y este del b. lat. *marcÄ«tus, der. del lat. marcēre, marchitarse). 1. adj. Ajado, falto de vigor y lozaní­a....
sensible. (Del lat. sensibÄ­lis). 1. adj. Que siente, fí­sica y moralmente. 2. adj. Que puede ser conocido por medio de los sentidos. 3. adj. Perceptible, manifiesto, patente al entendimiento. 4. adj. Que causa o mueve sentimientos de pena o de dolor. 5. adj. Dicho de una pe...
santo, ta. (Del lat. sanctus). 1. adj. Perfecto y libre de toda culpa. 2. adj. En el mundo cristiano, se dice de la persona a quien la Iglesia declara tal, y manda que se le dé culto universalmente. U. t. c. s. 3. adj. Dicho de una persona: De especial virtud y ejemplo. U. t. c. s. 4....
beata. 1. f. V. beato.beato, ta. (Del lat. beātus). 1. adj. Feliz o bienaventurado. 2. adj. Dicho de una persona: Beatificada por el Papa. U. m. c. s. 3. m. y f. Persona muy devota que frecuenta mucho los templos. U. t. c. adj. 4. m. y f. Persona que lleva hábito religioso ...
eucarí­stico, ca. (Del lat. eucharistÄ­cus, y este del gr. εὐχαριστικός). 1. adj. Rel. Perteneciente o relativo a la eucaristí­a. Especies eucarí­sticas. Sacramento eucarí­stico. 2. adj. Dicho de una obra en prosa o en verso: Cuyo fin es dar gracias.□ V. pan eucarí­stico...
inseparable. (Del lat. inseparabÄ­lis). 1. adj. Que no se puede separar. 2. adj. Dicho de dos o más cosas: Que se separan con dificultad. 3. adj. Dicho de dos o más personas: Unidas estrechamente entre sí­ con ví­nculos de amistad o de amor.□ V. preposicií³n inseparable...
ulteriormente. 1. adv. m. Después de un momento dado....
unificador, ra. 1. adj. Que unifica....
trinidad. (Del lat. trinÄ­tas, -ātis). 1. f. Rel. Distincií³n de tres personas divinas en una sola y única esencia, misterio inefable de la religií³n cristiana. ORTOGR. Escr. con may. inicial. 2. f. Unií³n de tres personas en algún negocio. U. m. en sent. despect.□ V. Domingo de la Sant...
agustí­n.□ V. mosto agustí­n...
za. 1. interj. U. para ahuyentar a los perros y a otros animales....
designio. (De designar). 1. m. Pensamiento, o propí³sito del entendimiento, aceptado por la voluntad....
movido, da. (Del part. de mover). 1. adj. Dicho de un lapso de tiempo: Caracterizado por el ajetreo o diversidad apresurada y anormal de quehaceres. He tenido un dí­a muy movido 2. adj. Que ha transcurrido o se ha desarrollado con agitacií³n o con incidencias imprevistas. El viaje fue muy ...
enviado, da. (Del part. de enviar). 1. m. y f. Persona que va por mandado de otra con un mensaje, recado o comisií³n. 2. f. Accií³n y efecto de enviar. 3. f. Embarcacií³n que lleva a puerto la pesca que va capturando otra mayor. ~ extraordinario. 1. m. Agente diplomático de la m...
unigénito, ta. (Del lat. unigenÄ­tus). 1. adj. Se dice del hijo único. 2. m. por antonom. El Verbo eterno, Hijo de Dios, que es unigénito del Padre. ORTOGR. Escr. con may. inicial....
redimir. (Del lat. redimĕre). 1. tr. Rescatar o sacar de esclavitud al cautivo mediante precio. U. t. c. prnl. 2. tr. Comprar de nuevo algo que se habí­a vendido, poseí­do o tenido por alguna razí³n o tí­tulo. 3. tr. Dicho de quien cancela su derecho o de quien consigue la liberacií...
evangelista. (Del lat. evangelista). 1. m. Cada uno de los cuatro discí­pulos de Jesús con cuyo nombre se designa uno de los cuatro Evangelios. 2. m. Persona destinada a cantar el evangelio en las iglesias. 3. m. Méx. Hombre que tiene por oficio escribir cartas u otros papeles a la ge...
preludio. (Del lat. praeludÄ­um). 1. m. Aquello que precede y sirve de entrada, preparacií³n o principio a algo. 2. m. Mús. Aquello que se toca o canta para ensayar la voz, probar los instrumentos o fijar el tono, antes de comenzar la ejecucií³n de una obra musical. 3. m. Mús. Composi...
torrente. (Del lat. torrens, -entis). 1. m. Corriente o avenida impetuosa de aguas que sobreviene en tiempos de muchas lluvias o de rápidos deshielos. 2. m. Curso de la sangre en el aparato circulatorio. 3. m. Abundancia o muchedumbre de personas que afluyen a un lugar o coinciden en ...
efusií³n. (Del lat. effusÄ­o, -ōnis). 1. f. Derramamiento de un lí­quido, y más comúnmente de la sangre. 2. f. Expansií³n e intensidad en los afectos generosos o alegres del ánimo....
testigo. (De testiguar). 1. com. Persona que da testimonio de algo, o lo atestigua. 2. com. Persona que presencia o adquiere directo y verdadero conocimiento de algo. 3. m. Cosa, aunque sea inanimada, por la cual se arguye o infiere la verdad de un hecho. 4. m. En los tramos de u...
evangelizacií³n. 1. f. Accií³n y efecto de evangelizar....
heroico, ca. (Del lat. heroÄ­cus, y este del gr. ἡρωϊκός). 1. adj. Se dice de las personas famosas por sus hazañas o virtudes, y, por ext., también de las acciones. 2. adj. Perteneciente o relativo a ellas. 3. adj. Se dice de la poesí­a o composicií³n poética en que con brí­o...
histí³rico, ca. (Del lat. historÄ­cus). 1. adj. Perteneciente o relativo a la historia. 2. adj. Averiguado, comprobado, cierto, por contraposicií³n a fabuloso o legendario. 3. adj. Digno, por la trascendencia que se le atribuye, de figurar en la historia. 4. adj. Dicho de una obr...
sufrimiento. 1. m. Paciencia, conformidad, tolerancia con que se sufre algo. 2. m. Padecimiento, dolor, pena....
abarcar. (Del lat. *abbracchicāre, de brachÄ­um, brazo). 1. tr. Ceñir algo con los brazos o con la mano. 2. tr. Rodear, comprender. 3. tr. Contener, implicar o encerrar en sí­. 4. tr. Percibir o dominar con la vista, de una vez, algo en su totalidad. 5. tr. Tomar alguien a...
presupuesto. (Del part. irreg. de presuponer). 1. m. Motivo, causa o pretexto con que se ejecuta algo. 2. m. Supuesto o suposicií³n. 3. m. Cí³mputo anticipado del coste de una obra o de los gastos y rentas de una corporacií³n. 4. m. Cantidad de dinero calculado para hacer frente ...
comunitario, ria. 1. adj. Perteneciente o relativo a la comunidad. 2. adj. por antonom. Perteneciente o relativo a la Comunidad Econí³mica Europea.□ V. acervo comunitarioComisií³n comunitaria...
ordenado, da. (Del part. de ordenar). 1. adj. Que guarda orden y método en sus acciones....
constitutivo, va. (Del lat. constitutÄ«vus). 1. adj. Que forma parte esencial o fundamental de algo y lo distingue de los demás. U. t. c. s. m.□ V. pretensií³n constitutiva...
luca. 1. f. coloq. Arg., Col. y Ur. Billete de 1000 pesos. 2. m. pl. El Salv. Dinero en billetes....
constitutivo, va. (Del lat. constitutÄ«vus). 1. adj. Que forma parte esencial o fundamental de algo y lo distingue de los demás. U. t. c. s. m.□ V. pretensií³n constitutiva...
adhesií³n. (Del lat. adhaesÄ­o, -ōnis). 1. f. adherencia (‖ unií³n fí­sica). 2. f. Accií³n y efecto de adherir o adherirse, conviniendo en un dictamen o partido, o utilizando el recurso entablado por la parte contraria. 3. f. Declaracií³n pública de apoyo a alguien o algo. 4. ...
especificar. (De especí­fico). 1. tr. Explicar, declarar con individualidad algo. 2. tr. Fijar o determinar de modo preciso....
versí­culo. (Del lat. versicÅ­lus, dim. de versus, verso). 1. m. Cada una de las breves divisiones de los capí­tulos de ciertos libros, y singularmente de las Sagradas Escrituras. 2. m. Parte del responsorio que se dice en las horas caní³nicas, regularmente antes de la oracií³n. 3. m....
decoroso, sa. (Del lat. decorōsus). 1. adj. Dicho de una persona: Que tiene decoro y pundonor. 2. adj. Dicho de una cosa: Que tiene o manifiesta decoro. Conducta decorosa....
decisivo, va. (Del lat. decÄ«sus, decidido). 1. adj. Que decide o resuelve. Razí³n decisiva. Decreto decisivo. 2. adj. Que tiene consecuencias importantes. Un paso decisivo.□ V. voto decisivo...
diaconal. (Del lat. diaconālis). 1. adj. Perteneciente o relativo al diácono....
disparidad. (De dispar). 1. f. Desemejanza, desigualdad y diferencia de unas cosas respecto de otras. ~ de cultos. 1. f. Der. Impedimento para el matrimonio caní³nico, que se derivaba de la diferencia de religií³n entre los contrayentes....
cotidiano, na. (Del lat. quotidiānus, de quotidĭe, diariamente). 1. adj. diario....
hebreo, a. (Del lat. Hebraeus, este del hebr. ‘ibrÄ«, y este quizá del acadio ẖapiru[m], paria). 1. adj. Se dice del pueblo semí­tico que conquistí³ y habití³ la Palestina, también llamado israelita y judí­o. Apl. a pers., u. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo a este pueblo. 3. ...
encomendado. (Del part. de encomendar). 1. m. En las í³rdenes militares, dependiente del comendador....
reservar. (Del lat. reservāre). 1. tr. Guardar algo para lo futuro. 2. tr. Dilatar para otro tiempo lo que se podí­a o se debí­a ejecutar o comunicar al presente. U. t. c. prnl. 3. tr. Destinar un lugar o una cosa, de un modo exclusivo, para uso o persona determinados. 4. tr. E...
huérfano, na. (Del b. lat. orphănus, y este del gr. ὀρφανός). 1. adj. Dicho de una persona de menor edad: A quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre. U. t. c. s. 2. adj. poét. Dicho de una persona: A quien se le han muerto los hijos. 3. ...
preso, sa. (Del lat. prensus). 1. adj. Dicho de una persona: Que sufre prisií³n. U. t. c. s. 2. adj. Dominado por un sentimiento, estado de ánimo, etc. Fue preso de la ira ante tal calumnia ~ por mil, ~ por mil y quinientos. 1. expr. coloq. U. para advertir que quien llega a exceders...
omitir. (Del lat. omittĕre). 1. tr. Abstenerse de hacer algo. 2. tr. Pasar en silencio algo. U. t. c. prnl....
referencia. (Del lat. refĕrens, -entis, referente). 1. f. Accií³n y efecto de referirse (‖ aludir). 2. f. Narracií³n o relacií³n de algo. 3. f. Relacií³n, dependencia o semejanza de algo respecto de otra cosa. 4. f. Base o apoyo de una comparacií³n, de una medicií³n o de ...
mártir. (Del lat. martyr, -y̆ris, y este del gr. μάρτυς, -υρος). 1. com. Persona que padece muerte por amor de Jesucristo y en defensa de la religií³n cristiana. 2. com. Persona que muere o padece mucho en defensa de otras creencias, convicciones o causas. 3. com. Persona ...
ca1. (Del lat. quia). 1. conj. causal desus. porque.ca2. 1. interj. coloq. quia....
dominical. (Del lat. dominicālis). 1. adj. Perteneciente o relativo a la domí­nica o al domingo. 2. adj. Se dice del derecho pagado al señor de un feudo por los feudatarios. 3. adj. Dicho de un suplemento de prensa: Que se vende los domingos conjuntamente con algunos diarios. U. t. c...
ofrenda. (Del lat. offerenda, cosas que se han de ofrecer). 1. f. Don que se dedica a Dios o a los santos, para implorar su auxilio o algo que se desea, o bien para cumplir con un voto u obligacií³n. 2. f. Pan, vino u otras cosas que llevan los fieles a la iglesia como sufragio a los difun...
obispo. (Del lat. episcŏpus, y este del gr. ἐπίσκοπος). 1. m. Prelado superior de una dií³cesis, a cuyo cargo está el cuidado espiritual y la direccií³n y el gobierno eclesiástico de los diocesanos. 2. m. Pez selacio del suborden de los Ráyidos, de más de dos metros y medio de ...
tertuliano, na. 1. m. y f. Persona que concurre con otras a una tertulia....
asombro. (De asombrar). 1. m. Susto, espanto. 2. m. Gran admiracií³n. 3. m. Persona o cosa asombrosa....
pagano1. (De pagar). 1. m. coloq. Persona que paga, generalmente por abuso, las cuentas o las culpas ajenas.pagano2, na. (Del lat. pagānus, aldeano, de pagus, aldea, pago2, que en lat. eclesiástico adquirií³ el significado de gentil por la resistencia del medio rural a la cristianizacií³n). 1....
romo, ma. (Del m. or. que el port. rombo). 1. adj. Obtuso y sin punta. 2. adj. De nariz pequeña y poco puntiaguda.□ V. macho romosabina roma...
primitiva. 1. f. V. primitivo.primitivo, va. (Del lat. primitÄ«vus). 1. adj. Primero en su lí­nea, o que no tiene ni toma origen de otra cosa. 2. adj. Perteneciente o relativo a los orí­genes o primeros tiempos de algo. 3. adj. Se dice de los pueblos aborí­genes o de civilizacií³...
jurí­dico, ca. (Del lat. iuridÄ­cus). 1. adj. Que atañe al derecho o se ajusta a él.□ V. acto jurí­dicoasistencia jurí­dicaasistencia jurí­dica gratuitacapacidad jurí­dicaconceptualismo jurí­dicoconvento jurí­dicodí­a jurí­dicohecho jurí­dicolatí­n jurí­diconegocio jurí­dicoordenamiento jurí­...
dií³cesi. 1. f. dií³cesis....
sucesivamente. 1. adv. m. Sucediendo o siguiéndose alguien o algo a otra persona o cosa....
occidente. (Del lat. occÄ­dens, -entis, part. act. de occidĕre, caer). 1. m. Oeste (‖ punto cardinal). ORTOGR. Escr. con may. inicial. 2. m. oeste (‖ regií³n situada en la parte oeste). 3. m. oeste (‖ lugar situado al oeste de otro). 4. m. Conjunto formado p...
diaconí­a. (Del b. lat. diaconÄ­a, y este del gr. διακονία). 1. f. Distrito y término en que antiguamente estaban divididas las iglesias para el socorro de los pobres, al cuidado de un diácono. 2. f. Casa en que viví­a el diácono....
documentado, da. (Del part. de documentar). 1. adj. Dicho de un memorial, de un pedimento, etc.: Acompañados de los documentos necesarios. 2. adj. Dicho de una persona: Que posee noticias o pruebas acerca de un asunto....
asistencial. 1. adj. Perteneciente o relativo a la asistencia, especialmente la médica o la social....
vigorosamente. 1. adv. m. De manera vigorosa....
diácono. (Del lat. diacŏnus, y este del gr. διάκονος, servidor, ministro). 1. m. Ministro eclesiástico y de grado segundo en dignidad, inmediato al sacerdocio....
martirio. (Del lat. martyrÄ­um). 1. m. Muerte o tormentos padecidos por causa de la religií³n cristiana. 2. m. Los sufridos por cualquier otra religií³n, ideales, etc. 3. m. Dolor o sufrimiento, fí­sico o moral, de gran intensidad. 4. m. Trabajo largo y muy penoso....
tesoro. (Del lat. thesaurus, y este del gr. θησαυρός). 1. m. Cantidad de dinero, valores u objetos preciosos, reunida y guardada. 2. m. tesoro público. 3. m. Persona o cosa, o conjunto o suma de cosas, de mucho precio o muy dignas de estimacií³n. Tal persona o tal libro es un...
tesoro. (Del lat. thesaurus, y este del gr. θησαυρός). 1. m. Cantidad de dinero, valores u objetos preciosos, reunida y guardada. 2. m. tesoro público. 3. m. Persona o cosa, o conjunto o suma de cosas, de mucho precio o muy dignas de estimacií³n. Tal persona o tal libro es un...
fiabilidad. 1. f. Cualidad de fiable. 2. f. Probabilidad de buen funcionamiento de algo....
apí³stata. (Del lat. apostăta, y este del gr. ἀποστάτης). 1. com. Persona que comete apostasí­a....
ilustrar. (Del lat. illustrāre). 1. tr. Dar luz al entendimiento. U. t. c. prnl. 2. tr. Aclarar un punto o materia con palabras, imágenes, o de otro modo. 3. tr. Adornar un impreso con láminas o grabados alusivos al texto. 4. tr. Hacer ilustre a alguien o algo. U. t. c. prnl. 5...
ejercido, da. (Del part. de ejercer). 1. adj. ant. Hollado, frecuentado....
palacio. (Del lat. palatÄ­um). 1. m. Casa destinada para residencia de los reyes. 2. m. Casa suntuosa, destinada a habitacií³n de grandes personajes, o para las juntas de corporaciones elevadas. 3. m. Casa solariega de una familia noble. 4. m. En el antiguo reino de Toledo y en A...
imperial. (Del b. lat. imperiālis). 1. adj. Perteneciente o relativo al emperador o al imperio. 2. f. Especie de juego de naipes. 3. f. Tejadillo o cobertura de las carrozas. 4. f. Sitio con asientos que algunos carruajes tení­an encima de la cubierta.□ V. águila imperialcirue...
brutalidad. (De brutal). 1. f. Cualidad de bruto. 2. f. Excesivo desorden de los afectos y pasiones. 3. f. Accií³n torpe, grosera o cruel. 4. f. coloq. barbaridad (‖ cantidad grande)....
con. (Del lat. cum). 1. prep. Denota el medio, modo o instrumento que sirve para hacer algo. 2. prep. Antepuesta al infinitivo, equivale a gerundio. Con declarar, se eximií³ del tormento. 3. prep. Expresa las circunstancias con que se ejecuta o sucede algo. Come con ansia. 4. pre...
él, ella. (Del lat. ille, illa). 1. pron. person. Formas de 3.ª persona en masculino y femenino. Sin preposicií³n, es sujeto. Con ella, se usa en los casos oblicuos. 2. f. Precedida esta voz de los adverbios aquí­, allí­, ahí­, usados con valor temporal, o de otra expresií³n de tiempo, y ...
desacreditado, da. (Del part. de desacreditar). 1. adj. Que ha perdido la buena opinií³n de que gozaba....
restaurar. (Del lat. restaurāre). 1. tr. Recuperar o recobrar. 2. tr. Reparar, renovar o volver a poner algo en el estado o estimacií³n que antes tení­a. 3. tr. Reparar una pintura, escultura, edificio, etc., del deterioro que ha sufrido.¶ MORF. conjug. c. causar....
paganismo. (Del lat. tardí­o paganismus). 1. m. Religií³n de los gentiles o paganos. 2. m. Conjunto de los gentiles....
romana. (Del lat. [statera] romāna). 1. f. Instrumento que sirve para pesar, compuesto de una palanca de brazos muy desiguales, con el fiel sobre el punto de apoyo. El cuerpo que se ha de pesar se coloca en el extremo del brazo menor, y se equilibra con un pilí³n o peso constante que se hace c...
impulsor, ra. (Del lat. impulsor, -ōris). 1. adj. Que impulsa. U. t. c. s....
imperio. (Del lat. imperÄ­um). 1. m. Accií³n de imperar (‖ mandar). 2. m. Dignidad de emperador. 3. m. Organizacií³n polí­tica del Estado regido por un emperador. 4. m. Espacio de tiempo que dura el gobierno de un emperador. 5. m. Tiempo durante el cual hubo emperador...
sacerdote. (Del lat. sacerdos, -ōtis, de sacer, sagrado). 1. m. En la Iglesia catí³lica, hombre ordenado para celebrar el sacrificio de la misa y realizar otras tareas propias del ministerio pastoral. 2. com. Persona dedicada y consagrada a hacer, celebrar y ofrecer sacrificios. ~ augusta...
galileo, a. (Del lat. bí­blico Galilaeus, y este del hebr. gĕlÄ«lÄ«). 1. adj. Natural de Galilea. U. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo a este paí­s de Tierra Santa. 3. m. Era u. por algunos para referirse, por oprobio, a Jesucristo y a los cristianos. 4. f. Pí³rtico o at...
popularidad. (Del lat. popularÄ­tas, -ātis). 1. f. Aceptacií³n y aplauso que alguien tiene en el pueblo....
emular. (Del lat. aemulāre). 1. tr. Imitar las acciones de otro procurando igualarlas e incluso excederlas. U. t. c. prnl. U. m. en sent. favorable....
llegado, da. (Del part. de llegar). 1. adj. ant. cercano. 2. f. Accií³n y efecto de llegar a un sitio....
mutuamente. 1. adv. m. Con recí­proca correspondencia....
irrenunciable. 1. adj. Dicho de una cosa: A la que no se puede o no se debe renunciar....
casualmente. 1. adv. m. Por casualidad, impensadamente....
quienquiera. 1. pron. indet. Persona indeterminada, alguno, sea el que fuere. U. antepuesto o pospuesto al verbo, y no se puede construir con el nombre....
gálata. (Del lat. Galăta). 1. adj. Natural de Galacia. U. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo a este paí­s de Asia antigua. 3. adj. Se dice del pueblo celta emigrado de Galia y establecido en Asia Menor....
marxista. 1. adj. Partidario de Karl Marx o que profesa su doctrina. U. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo al marxismo....
el, la, lo. (Del lat. ille). 1. art. deter. Formas de singular en masculino, femenino y neutro.la1. (Del lat. illa). 1. art. deter. f. sing. de el.la2. 1. pron. person. Forma de acusativo de 3.ª persona en femenino singular de lo2. No admite preposicií³n y puede usarse como enclí­tic...
limosna. (Del lat. eleemosy̆na, y este del gr. ἐλεημοσύνη). 1. f. Cosa que se da por amor de Dios para socorrer una necesidad. 2. f. Dinero que se da en las colectas hechas con fines religiosos. 3. f. Dinero, alimento o ropa que se da a los indigentes. 4. f. Donativo...
instauracií³n. (Del lat. instauratÄ­o, -ōnis). 1. f. Accií³n y efecto de instaurar....
aislado, da. (Del part. de aislar). 1. adj. Solo, suelto, individual.□ V. columna aislada...
norma. (Del lat. norma, escuadra). 1. f. Regla que se debe seguir o a que se deben ajustar las conductas, tareas, actividades, etc. 2. f. Escuadra que usan los artí­fices para arreglar y ajustar los maderos, piedras, etc. 3. f. Der. Precepto jurí­dico. 4. f. Ling. Conjunto de cri...
subsidiaridad. (De subsidiario). 1. f. subsidiariedad....
colectividad. (De colectivo). 1. f. Conjunto de personas reunidas o concertadas para un fin....
histí³rico, ca. (Del lat. historÄ­cus). 1. adj. Perteneciente o relativo a la historia. 2. adj. Averiguado, comprobado, cierto, por contraposicií³n a fabuloso o legendario. 3. adj. Digno, por la trascendencia que se le atribuye, de figurar en la historia. 4. adj. Dicho de una obr...
moderno, na. (Del lat. modernus, de hace poco, reciente). 1. adj. Perteneciente o relativo al tiempo de quien habla o a una época reciente. 2. adj. Que en cualquier tiempo se ha considerado contrapuesto a lo clásico. 3. adj. p. us. Dicho de una persona: Que lleva poco tiempo ejerciend...
desbaratado, da. (Del part. de desbaratar). 1. adj. coloq. De mala vida, conducta o gobierno. U. t. c. s....
vieja. 1. f. V. viejo.viejo, ja. (Del lat. vulg. vĕclus, y este del lat. vetÅ­lus). 1. adj. Se dice de la persona de edad. Comúnmente puede entenderse que es vieja la que cumplií³ 70 años. U. t. c. s. 2. adj. Se dice de los animales en igual caso, especialmente de los que son del ser...
asalariado, da. (Del part. de asalariar). 1. adj. Que percibe un salario por su trabajo. U. t. c. s. 2. adj. Que, en ideas o en conducta, supedita su propio criterio al de quien le paga....
configuracií³n. (Del lat. configuratÄ­o, -ōnis). 1. f. Disposicií³n de las partes que componen una cosa y le dan su peculiar forma y propiedades anejas. 2. f. Inform. Conjunto de los aparatos y programas que constituyen un sistema informático....
masa. (Del lat. massa). 1. f. Magnitud fí­sica que expresa la cantidad de materia que contiene un cuerpo. Su unidad en el Sistema Internacional es el kilogramo (kg). 2. f. Mezcla que proviene de la incorporacií³n de un lí­quido a una materia pulverizada, de la cual resulta un todo espeso, ...
obrero, ra. (Del lat. operarÄ­us). 1. adj. Que trabaja. U. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo al trabajador. 3. m. y f. Trabajador manual retribuido. 4. m. Encargado de cuidar de las obras en las iglesias o comunidades. En algunas catedrales era dignidad. 5. m. Dignid...
admitir. (Del lat. admittĕre). 1. tr. aceptar (‖ recibir voluntariamente). 2. tr. Permitir o sufrir. Esta causa no admite dilacií³n....
pionero, ra. (Del fr. pionnier). 1. m. y f. Persona que inicia la exploracií³n de nuevas tierras. 2. m. y f. Persona que da los primeros pasos en alguna actividad humana. U. t. c. adj. 3. m. y f. Biol. Grupo de organismos animales o vegetales que inicia la colonizacií³n de un nuevo te...
cí­rculo. (Del lat. circÅ­lus, dim. de circus, cerco). 1. m. Geom. írea o superficie plana contenida dentro de una circunferencia. 2. m. circunferencia. 3. m. Circuito, distrito, corro. 4. m. Figura que trazan en el suelo los hechiceros y nigromantes para invocar dentro de ella ...
carencia. (Del lat. carentÄ­a). 1. f. Falta o privacií³n de algo. 2. f. En un seguro, perí­odo en el que el cliente nuevo no puede disfrutar de determinados servicios ofrecidos. 3. f. Med. Falta de determinadas sustancias en la racií³n alimenticia, especialmente vitaminas. Enfermedade...
pí­o1. 1. onomat. U. para imitar la voz del pollo de cualquier ave. U. también para llamarlos a comer. 2. m. coloq. Deseo vivo y ansioso de algo. 3. m. germ. Vino de uvas. no decir ~, o ni ~. 1. locs. verbs. No chistar, no despegar los labios.pí­o2, a. (Del lat. pius). 1. a...
xi. (Del gr. ξῖ). 1. f. Decimocuarta letra del alfabeto griego (Ξ, ξ), que corresponde a x del latino....
beato, ta. (Del lat. beātus). 1. adj. Feliz o bienaventurado. 2. adj. Dicho de una persona: Beatificada por el Papa. U. m. c. s. 3. m. y f. Persona muy devota que frecuenta mucho los templos. U. t. c. adj. 4. m. y f. Persona que lleva hábito religioso sin vivir en comunidad ni s...
apostí³lico, ca. (Del lat. apostolÄ­cus). 1. adj. Perteneciente o relativo a los apí³stoles. 2. adj. Perteneciente o relativo al Papa, o que dimana de su autoridad. Juez, indulto apostí³lico. 3. adj. Se dice de la Iglesia catí³lica romana en cuanto su origen y doctrina proceden de los...
encí­clica. (Del lat. encyclÄ­ca, t. f. de -cus, y este del gr. ἐγκύκλιος, circular). 1. f. Carta solemne que dirige el Sumo Pontí­fice a todos los obispos y fieles del orbe catí³lico....
catí³lico, ca. (Del lat. catholÄ­cus, y este del gr. καθολικός, universal). 1. adj. universal (‖ que comprende o es común a todos). Afirmando esta pretensií³n se calificí³ así­ a la Iglesia romana. 2. adj. Verdadero, cierto, infalible, de fe divina. 3. adj. Que profes...
orgánico, ca. (Del lat. organÄ­cus). 1. adj. Dicho de un cuerpo: Que está con disposicií³n o aptitud para vivir. 2. adj. Que tiene armoní­a y consonancia. 3. adj. Que atañe a la constitucií³n de corporaciones o entidades colectivas o a sus funciones o ejercicios. 4. adj. Med. Dic...
compendio. (Del lat. compendÄ­um). 1. m. Breve y sumaria exposicií³n, oral o escrita, de lo más sustancial de una materia ya expuesta latamente. 2. m. El Salv. complicacií³n (‖ dificultad). en ~. 1. loc. adv. Con precisií³n y brevedad....
marxismo. 1. m. Doctrina derivada de las teorí­as de los filí³sofos alemanes Friedrich Engels y Karl Marx, consistente en interpretar el idealismo dialéctico de Hegel como materialismo dialéctico, y que aspira a conseguir una sociedad sin clases. 2. m. Cada uno de los movimientos polí­tico...
panacea. (Del lat. panacēa, y este del gr. πανάκεια). 1. f. Medicamento a que se atribuye eficacia para curar diversas enfermedades. 2. f. Remedio o solucií³n general para cualquier mal. ~ universal. 1. f. Remedio que buscaban los antiguos alquimistas para curar todas las e...
colectivizacií³n. 1. f. Accií³n y efecto de colectivizar....
se1. (Del lat. se, acus. del pron. sui). 1. pron. person. Forma de dativo y acusativo de 3.ª persona singular o plural y masculino o femenino. No admite preposicií³n y se puede usar como enclí­tico. Se cae. Cáese. U. t. para formar oraciones impers. y de pasiva.se2. (Del ant. ge, y este del la...
doctrina. (Del lat. doctrÄ«na). 1. f. Enseñanza que se da para instruccií³n de alguien. 2. f. Ciencia o sabidurí­a. 3. f. Conjunto de ideas u opiniones religiosas, filosí³ficas, polí­ticas, etc., sustentadas por una persona o grupo. Doctrina cristiana, tomista, socialista. 4. f. ...
repentinamente. 1. adv. m. de repente (‖ súbitamente, sin preparacií³n)....
desvanecido, da. (Del part. de desvanecer). 1. adj. desus. Soberbio, vanidoso, presumido....
globalizacií³n. 1. f. Tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensií³n mundial que sobrepasa las fronteras nacionales....
válido, da. (Del lat. valÄ­dus). 1. adj. Firme, subsistente y que vale o debe valer legalmente. 2. adj. aceptable. Un argumento válido. 3. adj. Dicho de una persona anciana: Que puede valerse por sí­ misma. U. t. c. s. Residencia para válidos. 4. adj. p. us. Robusto, fuerte o esf...
ante1. (De dante). 1. m. alce1. 2. m. Piel de ante adobada y curtida. 3. m. Piel de algunos otros animales, adobada y curtida a semejanza de la del ante. 4. m. Méx. tapir.ante2. (Del lat. ante). 1. prep. frente a (‖ enfrente de). 2. prep. En presencia de. 3. ...
progreso. (Del lat. progressus). 1. m. Accií³n de ir hacia adelante. 2. m. Avance, adelanto, perfeccionamiento....
remoto, ta. (Del lat. remōtus, part. pas. de removēre, retirar, apartar). 1. adj. distante (‖ apartado). 2. adj. Que no es verosí­mil, o está muy distante de suceder. Peligro remoto. estar ~ alguien. 1. loc. verb. Estar casi olvidado de algo que supo o aprendií³.□ V. contr...
quid. (Del lat. quid, qué cosa). 1. m. Esencia, punto más importante o porqué de una cosa. EL quid....
magno, na. (Del lat. magnus). 1. adj. grande (‖ que supera a lo común). ORTOGR. Escr. con may. inicial cuando se aplica como epí­teto a algunas personas ilustres. Alejandro Magno. Santa Gertrudis la Magna.□ V. capa magnacarta magnaconjuncií³n magna...
concilio. (Del lat. concilÄ­um). 1. m. Junta o congreso para tratar algo. 2. m. Coleccií³n de los decretos de un concilio. 3. m. Junta o congreso de los obispos y otros eclesiásticos de la Iglesia catí³lica, o de parte de ella, para deliberar y decidir sobre las materias de dogmas y d...
vaticano, na. (Del lat. Vaticānus). 1. adj. Perteneciente o relativo al monte Vaticano, en Italia. 2. adj. Perteneciente o relativo al Vaticano, palacio en que ordinariamente habita el Papa. 3. adj. Perteneciente o relativo al Papa o a la corte pontificia. 4. m. Corte pontificia...
comunitario, ria. 1. adj. Perteneciente o relativo a la comunidad. 2. adj. por antonom. Perteneciente o relativo a la Comunidad Econí³mica Europea.□ V. acervo comunitarioComisií³n comunitaria...
respetar. (De respectar). 1. tr. Tener respeto, veneracií³n, acatamiento. 2. tr. Tener miramiento (‖ respeto, atencií³n)....
recí­proco, ca. (Del lat. reciprŏcus). 1. adj. Igual en la correspondencia de uno a otro. 2. m. Gram. verbo recí­proco. a la ~. 1. loc. adj. coloq. Dispuesto a corresponder del mismo modo a un determinado comportamiento ajeno. Estoy a la recí­proca. U. t. c. loc. adv.□ V. correspo...
ordenamiento. 1. m. Accií³n y efecto de ordenar. 2. m. Conjunto de normas referentes a cada uno de los sectores del derecho. Ordenamiento administrativo, civil, penal 3. m. desus. Ley, pragmática u ordenanza que da el superior para que se observe una conducta. ~ de Alcalá. 1. m....
rectamente. 1. adv. m. Con rectitud....
preponderancia. 1. f. Exceso del peso, o mayor peso, de algo respecto de otra cosa. 2. f. Superioridad de crédito, consideracií³n, autoridad, fuerza, etc....
purificador, ra. 1. adj. Que purifica. U. t. c. s. 2. m. Paño de lino, con el cual se enjuga y purifica el cáliz. 3. m. Lienzo de que se sirve el sacerdote en el altar para limpiarse los dedos....
otorgar. (Del lat. *auctoricāre, de auctorāre). 1. tr. Consentir, condescender o conceder algo que se pide o se pregunta. 2. tr. Hacer merced y gracia de algo. 3. tr. Der. Disponer, establecer, ofrecer, estipular o prometer algo. U. por lo común cuando interviene solemnemente la fe...
valer1. (Del lat. valēre). 1. tr. Amparar, proteger, patrocinar. 2. tr. Producir, dar ganancias o interés. U. t. en sent. fig. La tardanza me valií³ un gran disgusto. 3. tr. En números y cuentas, montar, sumar o importar. 4. tr. Dicho de una cosa: Tener un precio determinado pa...
conciencia. (Del lat. conscientÄ­a, y este calco del gr. συνείδησις). 1. f. Propiedad del espí­ritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí­ mismo experimenta. 2. f. Conocimiento interior del bien y del mal. 3. f. Conocimien...
verdadero, ra. 1. adj. Que contiene verdad. 2. adj. Real y efectivo. 3. adj. Ingenuo, sincero. 4. adj. Que dice siempre verdad.□ V. agnacií³n verdaderaanomalí­a verdaderacostilla verdaderamediodí­a verdaderomovimiento verdaderotiempo solar verdaderotiempo verdadero...
contraste. 1. m. Accií³n y efecto de contrastar. 2. m. Oposicií³n, contraposicií³n o diferencia notable que existe entre personas o cosas. 3. m. Hombre que ejerce el oficio público de contrastar. 4. m. Marca que se graba en objetos de metal noble como garantí­a de haber sido cont...
quehacer. 1. m. Ocupacií³n, negocio, tarea que ha de hacerse. U. m. en pl....
comprensible. (De comprehensible). 1. adj. Que se puede comprender....
realizable. 1. adj. Que se puede realizar....
racional. (Del lat. rationālis). 1. adj. Perteneciente o relativo a la razí³n. 2. adj. Conforme a ella. 3. adj. Dotado de razí³n. U. t. c. s. 4. adj. Mat. Dicho de una expresií³n algebraica: Que no contiene cantidades irracionales. 5. m. Ornamento sagrado que llevaba puesto...
despertar1. (De despierto). 1. tr. Cortar, interrumpir el sueño a quien está durmiendo. U. t. c. prnl. 2. tr. Renovar o traer a la memoria algo ya olvidado. 3. tr. Hacer que alguien vuelva sobre sí­ o recapacite. 4. tr. Mover, excitar. Despertar el apetito. 5. intr. Dejar d...
renuncia. 1. f. Accií³n de renunciar. 2. f. Instrumento o documento que contiene la renuncia. 3. f. Dimisií³n o dejacií³n voluntaria de algo que se posee, o del derecho a ello....
prosperar. (Del lat. prosperāre). 1. tr. Ocasionar prosperidad. Dios te prospere. 2. intr. Tener o gozar prosperidad. El comercio prospera. 3. intr. Dicho de una idea, de un proyecto, etc.: Cobrar fuerza, imponerse o triunfar....
sobremanera. 1. adv. m. En extremo, muchí­simo....
inteligencia. (Del lat. intelligentÄ­a). 1. f. Capacidad de entender o comprender. 2. f. Capacidad de resolver problemas. 3. f. Conocimiento, comprensií³n, acto de entender. 4. f. Sentido en que se puede tomar una sentencia, un dicho o una expresií³n. 5. f. Habilidad, destre...
superfluo, flua. (Del lat. superflÅ­us). 1. adj. No necesario, que está de más.□ V. culto superfluo...
consuelo. (De consolar). 1. m. Descanso y alivio de la pena, molestia o fatiga que aflige y oprime el ánimo. 2. m. gozo (‖ alegrí­a). 3. m. misericordia (‖ pieza en los asientos de los coros de las iglesias). sin ~. 1. loc. adv. coloq. Sin medida ni tasa. Gasta sin...
proveer. (Del lat. providēre). 1. tr. Preparar, reunir lo necesario para un fin. U. t. c. prnl. 2. tr. Suministrar o facilitar lo necesario o conveniente para un fin. Proveer de ví­veres una plaza. Proveer a alguien de ropa, de libros. U. t. c. prnl. 3. tr. Tramitar, resolver, dar s...
burocrático, ca. 1. adj. Perteneciente o relativo a la burocracia....
Artí­culo nuevo.Avance de la vigésima tercera edicií³nafligido, da. 1. adj. Dicho de una persona: Que siente o muestra afliccií³n. Habí­a una cola de deudos afligidos. U. t. c. s. 2. adj. Que implica o denota afliccií³n. Tiene una expresií³n afligida....
cualquier. 1. adj. indef. cualquiera. U. ante s....
humano, na. (Del lat. humānus). 1. adj. Perteneciente o relativo al hombre. 2. adj. Propio de él. 3. adj. Comprensivo, sensible a los infortunios ajenos. 4. m. Ser humano. 5. m. pl. Conjunto de todos los hombres.□ V. acto humanociencias humanasderechos humanosletras huma...
entrañable. 1. adj. íntimo, muy afectuoso....
generosamente. 1. adv. m. Con generosidad....
espontaneidad. 1. f. Cualidad de espontáneo. 2. f. Expresií³n natural y fácil del pensamiento....
auxilio. (Del lat. auxilÄ­um). 1. m. Ayuda, socorro, amparo. ~ administrativo. 1. m. Der. El que se prestan entre sí­ autoridades de distintos í³rdenes.□ V. denegacií³n de auxilio...
vivo, va. (Del lat. vivus). 1. adj. Que tiene vida. Apl. a pers., u. t. c. s. Los vivos y los muertos. 2. adj. Dicho del fuego, de la llama, etc.: avivados. La brasa viva. 3. adj. Intenso, fuerte. 4. adj. Que está en actual ejercicio de un empleo. U. m. en la milicia. 5. adj...
sosiego. (De sosegar). 1. m. Quietud, tranquilidad, serenidad....
sustento. 1. m. Mantenimiento, alimento. 2. m. Aquello que sirve para dar vigor y permanencia. 3. m. Sostén o apoyo....
superfluo, flua. (Del lat. superflÅ­us). 1. adj. No necesario, que está de más.□ V. culto superfluo...
materialista. 1. adj. Perteneciente o relativo al materialismo. 2. adj. Partidario de esta tendencia filosí³fica. U. t. c. s. 3. adj. Dicho de una persona: Excesivamente preocupada por los bienes materiales. U. t. c. s. 4. m. Méx. Persona que se dedica a la venta de materiales de...
prejuicio. 1. m. Accií³n y efecto de prejuzgar. 2. m. Opinií³n previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal....
mediato, ta. (Del lat. mediātus, part. pas. de mediāre, mediar). 1. adj. Que en tiempo, lugar o grado está prí³ximo a una cosa, mediando otra entre las dos, como el nieto respecto del abuelo....
reavivar. 1. tr. Volver a avivar, o avivar intensamente. U. t. c. prnl....
operativo, va. 1. adj. Dicho de una cosa: Que obra y hace su efecto. 2. adj. Preparado o listo para ser utilizado o entrar en accií³n. 3. m. dispositivo (‖ organizacií³n para acometer una accií³n).□ V. sistema operativo...
laico, ca. (Del lat. laÄ­cus). 1. adj. Que no tiene í³rdenes clericales. U. t. c. s. 2. adj. Independiente de cualquier organizacií³n o confesií³n religiosa. Estado laico. Enseñanza laica....
multiforme. (Del lat. multiformis). 1. adj. Que tiene muchas o varias formas....
legislativo, va. (De legislar). 1. adj. Se dice del derecho o potestad de hacer leyes. 2. adj. Se dice del cuerpo o cí³digo de leyes. 3. adj. Autorizado por una ley. Crédito legislativo□ V. poder legislativo...
administrativo, va. (Del lat. administratÄ«vus). 1. adj. Perteneciente o relativo a la administracií³n. 2. m. y f. Persona empleada en la administracií³n de alguna entidad.□ V. acto administrativoarbitrio administrativoauxilio administrativoderecho administrativogestor administrativojunt...

Carta encíclica Deus caritas est del Sumo Pontífice Benedicto XVI

2007-11-27 22:31:27

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est_sp.html

Enviado por: Joaquín Torres

Departamento de Religión

CARTA ENCÍCLICA
DEUS CARITAS EST
DEL SUMO PONTÍFICE
BENEDICTO XVI
A LOS OBISPOS
A LOS PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS
A LAS PERSONAS CONSAGRADAS
Y A TODOS LOS FIELES LAICOS
SOBRE EL AMOR CRISTIANO



INTRODUCCIÓN

1. « Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él » (1 Jn 4, 16). Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino. Además, en este mismo versículo, Juan nos ofrece, por así decir, una formulación sintética de la existencia cristiana: « Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él ».

Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: « Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna » (cf. 3, 16). La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva profundidad y amplitud. En efecto, el israelita creyente reza cada día con las palabras del Libro del Deuteronomio que, como bien sabe, compendian el núcleo de su existencia: « Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas » (6, 4-5). Jesús, haciendo de ambos un único precepto, ha unido este mandamiento del amor a Dios con el del amor al prójimo, contenido en el Libro del Levítico: « Amarás a tu prójimo como a ti mismo » (19, 18; cf. Mc 12, 29- 31). Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10), ahora el amor ya no es sólo un « mandamiento », sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro.

En un mundo en el cual a veces se relaciona el nombre de Dios con la venganza o incluso con la obligación del odio y la violencia, éste es un mensaje de gran actualidad y con un significado muy concreto. Por eso, en mi primera Encíclica deseo hablar del amor, del cual Dios nos colma, y que nosotros debemos comunicar a los demás. Quedan así delineadas las dos grandes partes de esta Carta, íntimamente relacionadas entre sí. La primera tendrá un carácter más especulativo, puesto que en ella quisiera precisar —al comienzo de mi pontificado— algunos puntos esenciales sobre el amor que Dios, de manera misteriosa y gratuita, ofrece al hombre y, a la vez, la relación intrínseca de dicho amor con la realidad del amor humano. La segunda parte tendrá una índole más concreta, pues tratará de cómo cumplir de manera eclesial el mandamiento del amor al prójimo. El argumento es sumamente amplio; sin embargo, el propósito de la Encíclica no es ofrecer un tratado exhaustivo. Mi deseo es insistir sobre algunos elementos fundamentales, para suscitar en el mundo un renovado dinamismo de compromiso en la respuesta humana al amor divino.

PRIMERA PARTE

LA UNIDAD DEL AMOR
EN LA CREACIÓN
Y EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

Un problema de lenguaje

2. El amor de Dios por nosotros es una cuestión fundamental para la vida y plantea preguntas decisivas sobre quién es Dios y quiénes somos nosotros. A este respecto, nos encontramos de entrada ante un problema de lenguaje. El término « amor » se ha convertido hoy en una de las palabras más utilizadas y también de las que más se abusa, a la cual damos acepciones totalmente diferentes. Aunque el tema de esta Encíclica se concentra en la cuestión de la comprensión y la praxis del amor en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia, no podemos hacer caso omiso del significado que tiene este vocablo en las diversas culturas y en el lenguaje actual.

En primer lugar, recordemos el vasto campo semántico de la palabra « amor »: se habla de amor a la patria, de amor por la profesión o el trabajo, de amor entre amigos, entre padres e hijos, entre hermanos y familiares, del amor al prójimo y del amor a Dios. Sin embargo, en toda esta multiplicidad de significados destaca, como arquetipo por excelencia, el amor entre el hombre y la mujer, en el cual intervienen inseparablemente el cuerpo y el alma, y en el que se le abre al ser humano una promesa de felicidad que parece irresistible, en comparación del cual palidecen, a primera vista, todos los demás tipos de amor. Se plantea, entonces, la pregunta: todas estas formas de amor ¿se unifican al final, de algún modo, a pesar de la diversidad de sus manifestaciones, siendo en último término uno solo, o se trata más bien de una misma palabra que utilizamos para indicar realidades totalmente diferentes?

« Eros » y « agapé », diferencia y unidad

3. Los antiguos griegos dieron el nombre de eros al amor entre hombre y mujer, que no nace del pensamiento o la voluntad, sino que en cierto sentido se impone al ser humano. Digamos de antemano que el Antiguo Testamento griego usa sólo dos veces la palabra eros, mientras que el Nuevo Testamento nunca la emplea: de los tres términos griegos relativos al amor —eros, philia (amor de amistad) y agapé—, los escritos neotestamentarios prefieren este último, que en el lenguaje griego estaba dejado de lado. El amor de amistad (philia), a su vez, es aceptado y profundizado en el Evangelio de Juan para expresar la relación entre Jesús y sus discípulos. Este relegar la palabra eros, junto con la nueva concepción del amor que se expresa con la palabra agapé, denota sin duda algo esencial en la novedad del cristianismo, precisamente en su modo de entender el amor. En la crítica al cristianismo que se ha desarrollado con creciente radicalismo a partir de la Ilustración, esta novedad ha sido valorada de modo absolutamente negativo. El cristianismo, según Friedrich Nietzsche, habría dado de beber al eros un veneno, el cual, aunque no le llevó a la muerte, le hizo degenerar en vicio.[1] El filósofo alemán expresó de este modo una apreciación muy difundida: la Iglesia, con sus preceptos y prohibiciones, ¿no convierte acaso en amargo lo más hermoso de la vida? ¿No pone quizás carteles de prohibición precisamente allí donde la alegría, predispuesta en nosotros por el Creador, nos ofrece una felicidad que nos hace pregustar algo de lo divino?

4. Pero, ¿es realmente así? El cristianismo, ¿ha destruido verdaderamente el eros? Recordemos el mundo precristiano. Los griegos —sin duda análogamente a otras culturas— consideraban el eros ante todo como un arrebato, una « locura divina » que prevalece sobre la razón, que arranca al hombre de la limitación de su existencia y, en este quedar estremecido por una potencia divina, le hace experimentar la dicha más alta. De este modo, todas las demás potencias entre cielo y tierra parecen de segunda importancia: « Omnia vincit amor », dice Virgilio en las Bucólicas —el amor todo lo vence—, y añade: « et nos cedamus amori », rindámonos también nosotros al amor.[2] En el campo de las religiones, esta actitud se ha plasmado en los cultos de la fertilidad, entre los que se encuentra la prostitución « sagrada » que se daba en muchos templos. El eros se celebraba, pues, como fuerza divina, como comunión con la divinidad.

A esta forma de religión que, como una fuerte tentación, contrasta con la fe en el único Dios, el Antiguo Testamento se opuso con máxima firmeza, combatiéndola como perversión de la religiosidad. No obstante, en modo alguno rechazó con ello el eros como tal, sino que declaró guerra a su desviación destructora, puesto que la falsa divinización del eros que se produce en esos casos lo priva de su dignidad divina y lo deshumaniza. En efecto, las prostitutas que en el templo debían proporcionar el arrobamiento de lo divino, no son tratadas como seres humanos y personas, sino que sirven sólo como instrumentos para suscitar la « locura divina »: en realidad, no son diosas, sino personas humanas de las que se abusa. Por eso, el eros ebrio e indisciplinado no es elevación, « éxtasis » hacia lo divino, sino caída, degradación del hombre. Resulta así evidente que el eros necesita disciplina y purificación para dar al hombre, no el placer de un instante, sino un modo de hacerle pregustar en cierta manera lo más alto de su existencia, esa felicidad a la que tiende todo nuestro ser.

5. En estas rápidas consideraciones sobre el concepto de eros en la historia y en la actualidad sobresalen claramente dos aspectos. Ante todo, que entre el amor y lo divino existe una cierta relación: el amor promete infinidad, eternidad, una realidad más grande y completamente distinta de nuestra existencia cotidiana. Pero, al mismo tiempo, se constata que el camino para lograr esta meta no consiste simplemente en dejarse dominar por el instinto. Hace falta una purificación y maduración, que incluyen también la renuncia. Esto no es rechazar el eros ni « envenenarlo », sino sanearlo para que alcance su verdadera grandeza.

Esto depende ante todo de la constitución del ser humano, que está compuesto de cuerpo y alma. El hombre es realmente él mismo cuando cuerpo y alma forman una unidad íntima; el desafío del eros puede considerarse superado cuando se logra esta unificación. Si el hombre pretendiera ser sólo espíritu y quisiera rechazar la carne como si fuera una herencia meramente animal, espíritu y cuerpo perderían su dignidad. Si, por el contrario, repudia el espíritu y por tanto considera la materia, el cuerpo, como una realidad exclusiva, malogra igualmente su grandeza. El epicúreo Gassendi, bromeando, se dirigió a Descartes con el saludo: « ¡Oh Alma! ». Y Descartes replicó: « ¡Oh Carne! ».[3] Pero ni la carne ni el espíritu aman: es el hombre, la persona, la que ama como criatura unitaria, de la cual forman parte el cuerpo y el alma. Sólo cuando ambos se funden verdaderamente en una unidad, el hombre es plenamente él mismo. Únicamente de este modo el amor —el eros— puede madurar hasta su verdadera grandeza.

Hoy se reprocha a veces al cristianismo del pasado haber sido adversario de la corporeidad y, de hecho, siempre se han dado tendencias de este tipo. Pero el modo de exaltar el cuerpo que hoy constatamos resulta engañoso. El eros, degradado a puro « sexo », se convierte en mercancía, en simple « objeto » que se puede comprar y vender; más aún, el hombre mismo se transforma en mercancía. En realidad, éste no es propiamente el gran sí del hombre a su cuerpo. Por el contrario, de este modo considera el cuerpo y la sexualidad solamente como la parte material de su ser, para emplearla y explotarla de modo calculador. Una parte, además, que no aprecia como ámbito de su libertad, sino como algo que, a su manera, intenta convertir en agradable e inocuo a la vez. En realidad, nos encontramos ante una degradación del cuerpo humano, que ya no está integrado en el conjunto de la libertad de nuestra existencia, ni es expresión viva de la totalidad de nuestro ser, sino que es relegado a lo puramente biológico. La aparente exaltación del cuerpo puede convertirse muy pronto en odio a la corporeidad. La fe cristiana, por el contrario, ha considerado siempre al hombre como uno en cuerpo y alma, en el cual espíritu y materia se compenetran recíprocamente, adquiriendo ambos, precisamente así, una nueva nobleza. Ciertamente, el eros quiere remontarnos « en éxtasis » hacia lo divino, llevarnos más allá de nosotros mismos, pero precisamente por eso necesita seguir un camino de ascesis, renuncia, purificación y recuperación.

6. ¿Cómo hemos de describir concretamente este camino de elevación y purificación? ¿Cómo se debe vivir el amor para que se realice plenamente su promesa humana y divina? Una primera indicación importante podemos encontrarla en uno de los libros del Antiguo Testamento bien conocido por los místicos, el Cantar de los Cantares. Según la interpretación hoy predominante, las poesías contenidas en este libro son originariamente cantos de amor, escritos quizás para una fiesta nupcial israelita, en la que se debía exaltar el amor conyugal. En este contexto, es muy instructivo que a lo largo del libro se encuentren dos términos diferentes para indicar el « amor ». Primero, la palabra « dodim », un plural que expresa el amor todavía inseguro, en un estadio de búsqueda indeterminada. Esta palabra es reemplazada después por el término « ahabá », que la traducción griega del Antiguo Testamento denomina, con un vocablo de fonética similar, « agapé », el cual, como hemos visto, se convirtió en la expresión característica para la concepción bíblica del amor. En oposición al amor indeterminado y aún en búsqueda, este vocablo expresa la experiencia del amor que ahora ha llegado a ser verdaderamente descubrimiento del otro, superando el carácter egoísta que predominaba claramente en la fase anterior. Ahora el amor es ocuparse del otro y preocuparse por el otro. Ya no se busca a sí mismo, sumirse en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca.

El desarrollo del amor hacia sus más altas cotas y su más íntima pureza conlleva el que ahora aspire a lo definitivo, y esto en un doble sentido: en cuanto implica exclusividad —sólo esta persona—, y en el sentido del « para siempre ». El amor engloba la existencia entera y en todas sus dimensiones, incluido también el tiempo. No podría ser de otra manera, puesto que su promesa apunta a lo definitivo: el amor tiende a la eternidad. Ciertamente, el amor es « éxtasis », pero no en el sentido de arrebato momentáneo, sino como camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios: « El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará » (Lc 17, 33), dice Jesús en una sentencia suya que, con algunas variantes, se repite en los Evangelios (cf. Mt 10, 39; 16, 25; Mc 8, 35; Lc 9, 24; Jn 12, 25). Con estas palabras, Jesús describe su propio itinerario, que a través de la cruz lo lleva a la resurrección: el camino del grano de trigo que cae en tierra y muere, dando así fruto abundante. Describe también, partiendo de su sacrificio personal y del amor que en éste llega a su plenitud, la esencia del amor y de la existencia humana en general.

7. Nuestras reflexiones sobre la esencia del amor, inicialmente bastante filosóficas, nos han llevado por su propio dinamismo hasta la fe bíblica. Al comienzo se ha planteado la cuestión de si, bajo los significados de la palabra amor, diferentes e incluso opuestos, subyace alguna unidad profunda o, por el contrario, han de permanecer separados, uno paralelo al otro. Pero, sobre todo, ha surgido la cuestión de si el mensaje sobre el amor que nos han transmitido la Biblia y la Tradición de la Iglesia tiene algo que ver con la común experiencia humana del amor, o más bien se opone a ella. A este propósito, nos hemos encontrado con las dos palabras fundamentales: eros como término para el amor « mundano » y agapé como denominación del amor fundado en la fe y plasmado por ella. Con frecuencia, ambas se contraponen, una como amor « ascendente », y como amor « descendente » la otra. Hay otras clasificaciones afines, como por ejemplo, la distinción entre amor posesivo y amor oblativo (amor concupiscentiae – amor benevolentiae), al que a veces se añade también el amor que tiende al propio provecho.

A menudo, en el debate filosófico y teológico, estas distinciones se han radicalizado hasta el punto de contraponerse entre sí: lo típicamente cristiano sería el amor descendente, oblativo, el agapé precisamente; la cultura no cristiana, por el contrario, sobre todo la griega, se caracterizaría por el amor ascendente, vehemente y posesivo, es decir, el eros. Si se llevara al extremo este antagonismo, la esencia del cristianismo quedaría desvinculada de las relaciones vitales fundamentales de la existencia humana y constituiría un mundo del todo singular, que tal vez podría considerarse admirable, pero netamente apartado del conjunto de la vida humana. En realidad, eros y agapé —amor ascendente y amor descendente— nunca llegan a separarse completamente. Cuanto más encuentran ambos, aunque en diversa medida, la justa unidad en la única realidad del amor, tanto mejor se realiza la verdadera esencia del amor en general. Si bien el eros inicialmente es sobre todo vehemente, ascendente —fascinación por la gran promesa de felicidad—, al aproximarse la persona al otro se planteará cada vez menos cuestiones sobre sí misma, para buscar cada vez más la felicidad del otro, se preocupará de él, se entregará y deseará « ser para » el otro. Así, el momento del agapé se inserta en el eros inicial; de otro modo, se desvirtúa y pierde también su propia naturaleza. Por otro lado, el hombre tampoco puede vivir exclusivamente del amor oblativo, descendente. No puede dar únicamente y siempre, también debe recibir. Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don. Es cierto —como nos dice el Señor— que el hombre puede convertirse en fuente de la que manan ríos de agua viva (cf. Jn 7, 37-38). No obstante, para llegar a ser una fuente así, él mismo ha de beber siempre de nuevo de la primera y originaria fuente que es Jesucristo, de cuyo corazón traspasado brota el amor de Dios (cf. Jn 19, 34).

En la narración de la escalera de Jacob, los Padres han visto simbolizada de varias maneras esta relación inseparable entre ascenso y descenso, entre el eros que busca a Dios y el agapé que transmite el don recibido. En este texto bíblico se relata cómo el patriarca Jacob, en sueños, vio una escalera apoyada en la piedra que le servía de cabezal, que llegaba hasta el cielo y por la cual subían y bajaban los ángeles de Dios (cf. Gn 28, 12; Jn 1, 51). Impresiona particularmente la interpretación que da el Papa Gregorio Magno de esta visión en su Regla pastoral. El pastor bueno, dice, debe estar anclado en la contemplación. En efecto, sólo de este modo le será posible captar las necesidades de los demás en lo más profundo de su ser, para hacerlas suyas: « per pietatis viscera in se infirmitatem caeterorum transferat ».[4] En este contexto, san Gregorio menciona a san Pablo, que fue arrebatado hasta el tercer cielo, hasta los más grandes misterios de Dios y, precisamente por eso, al descender, es capaz de hacerse todo para todos (cf. 2 Co 12, 2-4; 1 Co 9, 22). También pone el ejemplo de Moisés, que entra y sale del tabernáculo, en diálogo con Dios, para poder de este modo, partiendo de Él, estar a disposición de su pueblo. « Dentro [del tabernáculo] se extasía en la contemplación, fuera [del tabernáculo] se ve apremiado por los asuntos de los afligidos: intus in contemplationem rapitur, foris infirmantium negotiis urgetur ».[5]

8. Hemos encontrado, pues, una primera respuesta, todavía más bien genérica, a las dos preguntas formuladas antes: en el fondo, el « amor » es una única realidad, si bien con diversas dimensiones; según los casos, una u otra puede destacar más. Pero cuando las dos dimensiones se separan completamente una de otra, se produce una caricatura o, en todo caso, una forma mermada del amor. También hemos visto sintéticamente que la fe bíblica no construye un mundo paralelo o contrapuesto al fenómeno humano originario del amor, sino que asume a todo el hombre, interviniendo en su búsqueda de amor para purificarla, abriéndole al mismo tiempo nuevas dimensiones. Esta novedad de la fe bíblica se manifiesta sobre todo en dos puntos que merecen ser subrayados: la imagen de Dios y la imagen del hombre.

La novedad de la fe bíblica

9. Ante todo, está la nueva imagen de Dios. En las culturas que circundan el mundo de la Biblia, la imagen de dios y de los dioses, al fin y al cabo, queda poco clara y es contradictoria en sí misma. En el camino de la fe bíblica, por el contrario, resulta cada vez más claro y unívoco lo que se resume en las palabras de la oración fundamental de Israel, la Shema: « Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno » (Dt 6, 4). Existe un solo Dios, que es el Creador del cielo y de la tierra y, por tanto, también es el Dios de todos los hombres. En esta puntualización hay dos elementos singulares: que realmente todos los otros dioses no son Dios y que toda la realidad en la que vivimos se remite a Dios, es creación suya. Ciertamente, la idea de una creación existe también en otros lugares, pero sólo aquí queda absolutamente claro que no se trata de un dios cualquiera, sino que el único Dios verdadero, Él mismo, es el autor de toda la realidad; ésta proviene del poder de su Palabra creadora. Lo cual significa que estima a esta criatura, precisamente porque ha sido Él quien la ha querido, quien la ha « hecho ». Y así se pone de manifiesto el segundo elemento importante: este Dios ama al hombre. La potencia divina a la cual Aristóteles, en la cumbre de la filosofía griega, trató de llegar a través de la reflexión, es ciertamente objeto de deseo y amor por parte de todo ser —como realidad amada, esta divinidad mueve el mundo[6]—, pero ella misma no necesita nada y no ama, sólo es amada. El Dios único en el que cree Israel, sin embargo, ama personalmente. Su amor, además, es un amor de predilección: entre todos los pueblos, Él escoge a Israel y lo ama, aunque con el objeto de salvar precisamente de este modo a toda la humanidad. Él ama, y este amor suyo puede ser calificado sin duda como eros que, no obstante, es también totalmente agapé.[7]

Los profetas Oseas y Ezequiel, sobre todo, han descrito esta pasión de Dios por su pueblo con imágenes eróticas audaces. La relación de Dios con Israel es ilustrada con la metáfora del noviazgo y del matrimonio; por consiguiente, la idolatría es adulterio y prostitución. Con eso se alude concretamente —como hemos visto— a los ritos de la fertilidad con su abuso del eros, pero al mismo tiempo se describe la relación de fidelidad entre Israel y su Dios. La historia de amor de Dios con Israel consiste, en el fondo, en que Él le da la Torah, es decir, abre los ojos de Israel sobre la verdadera naturaleza del hombre y le indica el camino del verdadero humanismo. Esta historia consiste en que el hombre, viviendo en fidelidad al único Dios, se experimenta a sí mismo como quien es amado por Dios y descubre la alegría en la verdad y en la justicia; la alegría en Dios que se convierte en su felicidad esencial: « ¿No te tengo a ti en el cielo?; y contigo, ¿qué me importa la tierra?... Para mí lo bueno es estar junto a Dios » (Sal 73 [72], 25. 28).

10. El eros de Dios para con el hombre, como hemos dicho, es a la vez agapé. No sólo porque se da del todo gratuitamente, sin ningún mérito anterior, sino también porque es amor que perdona. Oseas, de modo particular, nos muestra la dimensión del agapé en el amor de Dios por el hombre, que va mucho más allá de la gratuidad. Israel ha cometido « adulterio », ha roto la Alianza; Dios debería juzgarlo y repudiarlo. Pero precisamente en esto se revela que Dios es Dios y no hombre: « ¿Cómo voy a dejarte, Efraím, cómo entregarte, Israel?... Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím; que yo soy Dios y no hombre, santo en medio de ti » (Os 11, 8-9). El amor apasionado de Dios por su pueblo, por el hombre, es a la vez un amor que perdona. Un amor tan grande que pone a Dios contra sí mismo, su amor contra su justicia. El cristiano ve perfilarse ya en esto, veladamente, el misterio de la Cruz: Dios ama tanto al hombre que, haciéndose hombre él mismo, lo acompaña incluso en la muerte y, de este modo, reconcilia la justicia y el amor.

El aspecto filosófico e histórico-religioso que se ha de subrayar en esta visión de la Biblia es que, por un lado, nos encontramos ante una imagen estrictamente metafísica de Dios: Dios es en absoluto la fuente originaria de cada ser; pero este principio creativo de todas las cosas —el Logos, la razón primordial— es al mismo tiempo un amante con toda la pasión de un verdadero amor. Así, el eros es sumamente ennoblecido, pero también tan purificado que se funde con el agapé. Por eso podemos comprender que la recepción del Cantar de los Cantares en el canon de la Sagrada Escritura se haya justificado muy pronto, porque el sentido de sus cantos de amor describen en el fondo la relación de Dios con el hombre y del hombre con Dios. De este modo, tanto en la literatura cristiana como en la judía, el Cantar de los Cantares se ha convertido en una fuente de conocimiento y de experiencia mística, en la cual se expresa la esencia de la fe bíblica: se da ciertamente una unificación del hombre con Dios —sueño originario del hombre—, pero esta unificación no es un fundirse juntos, un hundirse en el océano anónimo del Divino; es una unidad que crea amor, en la que ambos —Dios y el hombre— siguen siendo ellos mismos y, sin embargo, se convierten en una sola cosa: « El que se une al Señor, es un espíritu con él », dice san Pablo (1 Co 6, 17).

11. La primera novedad de la fe bíblica, como hemos visto, consiste en la imagen de Dios; la segunda, relacionada esencialmente con ella, la encontramos en la imagen del hombre. La narración bíblica de la creación habla de la soledad del primer hombre, Adán, al cual Dios quiere darle una ayuda. Ninguna de las otras criaturas puede ser esa ayuda que el hombre necesita, por más que él haya dado nombre a todas las bestias salvajes y a todos los pájaros, incorporándolos así a su entorno vital. Entonces Dios, de una costilla del hombre, forma a la mujer. Ahora Adán encuentra la ayuda que precisa: « ¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! » (Gn 2, 23). En el trasfondo de esta narración se pueden considerar concepciones como la que aparece también, por ejemplo, en el mito relatado por Platón, según el cual el hombre era originariamente esférico, porque era completo en sí mismo y autosuficiente. Pero, en castigo por su soberbia, fue dividido en dos por Zeus, de manera que ahora anhela siempre su otra mitad y está en camino hacia ella para recobrar su integridad.[8] En la narración bíblica no se habla de castigo; pero sí aparece la idea de que el hombre es de algún modo incompleto, constitutivamente en camino para encontrar en el otro la parte complementaria para su integridad, es decir, la idea de que sólo en la comunión con el otro sexo puede considerarse « completo ». Así, pues, el pasaje bíblico concluye con una profecía sobre Adán: « Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne » (Gn 2, 24).

En esta profecía hay dos aspectos importantes: el eros está como enraizado en la naturaleza misma del hombre; Adán se pone a buscar y « abandona a su padre y a su madre » para unirse a su mujer; sólo ambos conjuntamente representan a la humanidad completa, se convierten en « una sola carne ». No menor importancia reviste el segundo aspecto: en una perspectiva fundada en la creación, el eros orienta al hombre hacia el matrimonio, un vínculo marcado por su carácter único y definitivo; así, y sólo así, se realiza su destino íntimo. A la imagen del Dios monoteísta corresponde el matrimonio monógamo. El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con su pueblo y, viceversa, el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano. Esta estrecha relación entre eros y matrimonio que presenta la Biblia no tiene prácticamente paralelo alguno en la literatura fuera de ella.

Jesucristo, el amor de Dios encarnado

12. Aunque hasta ahora hemos hablado principalmente del Antiguo Testamento, ya se ha dejado entrever la íntima compenetración de los dos Testamentos como única Escritura de la fe cristiana. La verdadera originalidad del Nuevo Testamento no consiste en nuevas ideas, sino en la figura misma de Cristo, que da carne y sangre a los conceptos: un realismo inaudito. Tampoco en el Antiguo Testamento la novedad bíblica consiste simplemente en nociones abstractas, sino en la actuación imprevisible y, en cierto sentido inaudita, de Dios. Este actuar de Dios adquiere ahora su forma dramática, puesto que, en Jesucristo, el propio Dios va tras la « oveja perdida », la humanidad doliente y extraviada. Cuando Jesús habla en sus parábolas del pastor que va tras la oveja descarriada, de la mujer que busca el dracma, del padre que sale al encuentro del hijo pródigo y lo abraza, no se trata sólo de meras palabras, sino que es la explicación de su propio ser y actuar. En su muerte en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical. Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (cf. 19, 37), ayuda a comprender lo que ha sido el punto de partida de esta Carta encíclica: « Dios es amor » (1 Jn 4, 8). Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar.

13. Jesús ha perpetuado este acto de entrega mediante la institución de la Eucaristía durante la Última Cena. Ya en aquella hora, Él anticipa su muerte y resurrección, dándose a sí mismo a sus discípulos en el pan y en el vino, su cuerpo y su sangre como nuevo maná (cf. Jn 6, 31-33). Si el mundo antiguo había soñado que, en el fondo, el verdadero alimento del hombre —aquello por lo que el hombre vive— era el Logos, la sabiduría eterna, ahora este Logos se ha hecho para nosotros verdadera comida, como amor. La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús. No recibimos solamente de modo pasivo el Logos encarnado, sino que nos implicamos en la dinámica de su entrega. La imagen de las nupcias entre Dios e Israel se hace realidad de un modo antes inconcebible: lo que antes era estar frente a Dios, se transforma ahora en unión por la participación en la entrega de Jesús, en su cuerpo y su sangre. La « mística » del Sacramento, que se basa en el abajamiento de Dios hacia nosotros, tiene otra dimensión de gran alcance y que lleva mucho más alto de lo que cualquier elevación mística del hombre podría alcanzar.

14. Pero ahora se ha de prestar atención a otro aspecto: la « mística » del Sacramento tiene un carácter social, porque en la comunión sacramental yo quedo unido al Señor como todos los demás que comulgan: « El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan », dice san Pablo (1 Co 10, 17). La unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega. No puedo tener a Cristo sólo para mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los que son suyos o lo serán. La comunión me hace salir de mí mismo para ir hacia Él, y por tanto, también hacia la unidad con todos los cristianos. Nos hacemos « un cuerpo », aunados en una única existencia. Ahora, el amor a Dios y al prójimo están realmente unidos: el Dios encarnado nos atrae a todos hacia sí. Se entiende, pues, que el agapé se haya convertido también en un nombre de la Eucaristía: en ella el agapé de Dios nos llega corporalmente para seguir actuando en nosotros y por nosotros. Sólo a partir de este fundamento cristológico-sacramental se puede entender correctamente la enseñanza de Jesús sobre el amor. El paso desde la Ley y los Profetas al doble mandamiento del amor de Dios y del prójimo, el hacer derivar de este precepto toda la existencia de fe, no es simplemente moral, que podría darse autónomamente, paralelamente a la fe en Cristo y a su actualización en el Sacramento: fe, culto y ethos se compenetran recíprocamente como una sola realidad, que se configura en el encuentro con el agapé de Dios. Así, la contraposición usual entre culto y ética simplemente desaparece. En el « culto » mismo, en la comunión eucarística, está incluido a la vez el ser amados y el amar a los otros. Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma. Viceversa —como hemos de considerar más detalladamente aún—, el « mandamiento » del amor es posible sólo porque no es una mera exigencia: el amor puede ser « mandado » porque antes es dado.

15. Las grandes parábolas de Jesús han de entenderse también a partir de este principio. El rico epulón (cf. Lc 16, 19-31) suplica desde el lugar de los condenados que se advierta a sus hermanos de lo que sucede a quien ha ignorado frívolamente al pobre necesitado. Jesús, por decirlo así, acoge este grito de ayuda y se hace eco de él para ponernos en guardia, para hacernos volver al recto camino. La parábola del buen Samaritano (cf. Lc 10, 25-37) nos lleva sobre todo a dos aclaraciones importantes. Mientras el concepto de « prójimo » hasta entonces se refería esencialmente a los conciudadanos y a los extranjeros que se establecían en la tierra de Israel, y por tanto a la comunidad compacta de un país o de un pueblo, ahora este límite desaparece. Mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar. Se universaliza el concepto de prójimo, pero permaneciendo concreto. Aunque se extienda a todos los hombres, el amor al prójimo no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y ahora. La Iglesia tiene siempre el deber de interpretar cada vez esta relación entre lejanía y proximidad, con vistas a la vida práctica de sus miembros. En fin, se ha de recordar de modo particular la gran parábola del Juicio final (cf. Mt 25, 31-46), en el cual el amor se convierte en el criterio para la decisión definitiva sobre la valoración positiva o negativa de una vida humana. Jesús se identifica con los pobres: los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados. « Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis » (Mt 25, 40). Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios.

Amor a Dios y amor al prójimo

16. Después de haber reflexionado sobre la esencia del amor y su significado en la fe bíblica, queda aún una doble cuestión sobre cómo podemos vivirlo: ¿Es realmente posible amar a Dios aunque no se le vea? Y, por otro lado: ¿Se puede mandar el amor? En estas preguntas se manifiestan dos objeciones contra el doble mandamiento del amor. Nadie ha visto a Dios jamás, ¿cómo podremos amarlo? Y además, el amor no se puede mandar; a fin de cuentas es un sentimiento que puede tenerse o no, pero que no puede ser creado por la voluntad. La Escritura parece respaldar la primera objeción cuando afirma: « Si alguno dice: ‘‘amo a Dios'', y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve » (1 Jn 4, 20). Pero este texto en modo alguno excluye el amor a Dios, como si fuera un imposible; por el contrario, en todo el contexto de la Primera carta de Juan apenas citada, el amor a Dios es exigido explícitamente. Lo que se subraya es la inseparable relación entre amor a Dios y amor al prójimo. Ambos están tan estrechamente entrelazados, que la afirmación de amar a Dios es en realidad una mentira si el hombre se cierra al prójimo o incluso lo odia. El versículo de Juan se ha de interpretar más bien en el sentido de que el amor del prójimo es un camino para encontrar también a Dios, y que cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios.

17. En efecto, nadie ha visto a Dios tal como es en sí mismo. Y, sin embargo, Dios no es del todo invisible para nosotros, no ha quedado fuera de nuestro alcance. Dios nos ha amado primero, dice la citada Carta de Juan (cf. 4, 10), y este amor de Dios ha aparecido entre nosotros, se ha hecho visible, pues « Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él » (1 Jn 4, 9). Dios se ha hecho visible: en Jesús podemos ver al Padre (cf. Jn 14, 9). De hecho, Dios es visible de muchas maneras. En la historia de amor que nos narra la Biblia, Él sale a nuestro encuentro, trata de atraernos, llegando hasta la Última Cena, hasta el Corazón traspasado en la cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que Él, por la acción de los Apóstoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente. El Señor tampoco ha estado ausente en la historia sucesiva de la Iglesia: siempre viene a nuestro encuentro a través de los hombres en los que Él se refleja; mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía. En la liturgia de la Iglesia, en su oración, en la comunidad viva de los creyentes, experimentamos el amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos también a reconocerla en nuestra vida cotidiana. Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor. Dios no nos impone un sentimiento que no podamos suscitar en nosotros mismos. Él nos ama y nos hace ver y experimentar su amor, y de este « antes » de Dios puede nacer también en nosotros el amor como respuesta.

En el desarrollo de este encuentro se muestra también claramente que el amor no es solamente un sentimiento. Los sentimientos van y vienen. Pueden ser una maravillosa chispa inicial, pero no son la totalidad del amor. Al principio hemos hablado del proceso de purificación y maduración mediante el cual el eros llega a ser totalmente él mismo y se convierte en amor en el pleno sentido de la palabra. Es propio de la madurez del amor que abarque todas las potencialidades del hombre e incluya, por así decir, al hombre en su integridad. El encuentro con las manifestaciones visibles del amor de Dios puede suscitar en nosotros el sentimiento de alegría, que nace de la experiencia de ser amados. Pero dicho encuentro implica también nuestra voluntad y nuestro entendimiento. El reconocimiento del Dios viviente es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor. No obstante, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por « concluido » y completado; se transforma en el curso de la vida, madura y, precisamente por ello, permanece fiel a sí mismo. Idem velle, idem nolle,[9] querer lo mismo y rechazar lo mismo, es lo que los antiguos han reconocido como el auténtico contenido del amor: hacerse uno semejante al otro, que lleva a un pensar y desear común. La historia de amor entre Dios y el hombre consiste precisamente en que esta comunión de voluntad crece en la comunión del pensamiento y del sentimiento, de modo que nuestro querer y la voluntad de Dios coinciden cada vez más: la voluntad de Dios ya no es para mí algo extraño que los mandamientos me imponen desde fuera, sino que es mi propia voluntad, habiendo experimentado que Dios está más dentro de mí que lo más íntimo mío.[10] Crece entonces el abandono en Dios y Dios es nuestra alegría (cf. Sal 73 [72], 23-28).

18. De este modo se ve que es posible el amor al prójimo en el sentido enunciado por la Biblia, por Jesús. Consiste justamente en que, en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada o ni siquiera conozco. Esto sólo puede llevarse a cabo a partir del encuentro íntimo con Dios, un encuentro que se ha convertido en comunión de voluntad, llegando a implicar el sentimiento. Entonces aprendo a mirar a esta otra persona no ya sólo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Su amigo es mi amigo. Más allá de la apariencia exterior del otro descubro su anhelo interior de un gesto de amor, de atención, que no le hago llegar solamente a través de las organizaciones encargadas de ello, y aceptándolo tal vez por exigencias políticas. Al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho más que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita. En esto se manifiesta la imprescindible interacción entre amor a Dios y amor al prójimo, de la que habla con tanta insistencia la Primera carta de Juan. Si en mi vida falta completamente el contacto con Dios, podré ver siempre en el prójimo solamente al otro, sin conseguir reconocer en él la imagen divina. Por el contrario, si en mi vida omito del todo la atención al otro, queriendo ser sólo « piadoso » y cumplir con mis « deberes religiosos », se marchita también la relación con Dios. Será únicamente una relación « correcta », pero sin amor. Sólo mi disponibilidad para ayudar al prójimo, para manifestarle amor, me hace sensible también ante Dios. Sólo el servicio al prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama. Los Santos —pensemos por ejemplo en la beata Teresa de Calcuta— han adquirido su capacidad de amar al prójimo de manera siempre renovada gracias a su encuentro con el Señor eucarístico y, viceversa, este encuentro ha adquirido realismo y profundidad precisamente en su servicio a los demás. Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables, son un único mandamiento. Pero ambos viven del amor que viene de Dios, que nos ha amado primero. Así, pues, no se trata ya de un « mandamiento » externo que nos impone lo imposible, sino de una experiencia de amor nacida desde dentro, un amor que por su propia naturaleza ha de ser ulteriormente comunicado a otros. El amor crece a través del amor. El amor es « divino » porque proviene de Dios y a Dios nos une y, mediante este proceso unificador, nos transforma en un Nosotros, que supera nuestras divisiones y nos convierte en una sola cosa, hasta que al final Dios sea « todo para todos » (cf. 1 Co 15, 28).

SEGUNDA PARTE

CARITAS

EL EJERCICIO DEL AMOR
POR PARTE DE LA IGLESIA
COMO « COMUNIDAD DE AMOR »

La caridad de la Iglesia como manifestación
del amor trinitario

19. « Ves la Trinidad si ves el amor », escribió san Agustín.[11] En las reflexiones precedentes hemos podido fijar nuestra mirada sobre el Traspasado (cf. Jn 19, 37; Za 12, 10), reconociendo el designio del Padre que, movido por el amor (cf. Jn 3, 16), ha enviado el Hijo unigénito al mundo para redimir al hombre. Al morir en la cruz —como narra el evangelista—, Jesús « entregó el espíritu » (cf. Jn 19, 30), preludio del don del Espíritu Santo que otorgaría después de su resurrección (cf. Jn 20, 22). Se cumpliría así la promesa de los « torrentes de agua viva » que, por la efusión del Espíritu, manarían de las entrañas de los creyentes (cf. Jn 7, 38-39). En efecto, el Espíritu es esa potencia interior que armoniza su corazón con el corazón de Cristo y los mueve a amar a los hermanos como Él los ha amado, cuando se ha puesto a lavar los pies de sus discípulos (cf. Jn 13, 1-13) y, sobre todo, cuando ha entregado su vida por todos (cf. Jn 13, 1; 15, 13).

El Espíritu es también la fuerza que transforma el corazón de la Comunidad eclesial para que sea en el mundo testigo del amor del Padre, que quiere hacer de la humanidad, en su Hijo, una sola familia. Toda la actividad de la Iglesia es una expresión de un amor que busca el bien integral del ser humano: busca su evangelización mediante la Palabra y los Sacramentos, empresa tantas veces heroica en su realización histórica; y busca su promoción en los diversos ámbitos de la actividad humana. Por tanto, el amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres. Es este aspecto, este servicio de la caridad, al que deseo referirme en esta parte de la Encíclica.

La caridad como tarea de la Iglesia

20. El amor al prójimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es también para toda la comunidad eclesial, y esto en todas sus dimensiones: desde la comunidad local a la Iglesia particular, hasta abarcar a la Iglesia universal en su totalidad. También la Iglesia en cuanto comunidad ha de poner en práctica el amor. En consecuencia, el amor necesita también una organización, como presupuesto para un servicio comunitario ordenado. La Iglesia ha sido consciente de que esta tarea ha tenido una importancia constitutiva para ella desde sus comienzos: « Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían sus posesiones y bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno » (Hch 2, 44-45). Lucas nos relata esto relacionándolo con una especie de definición de la Iglesia, entre cuyos elementos constitutivos enumera la adhesión a la « enseñanza de los Apóstoles », a la « comunión » (koinonia), a la « fracción del pan » y a la « oración » (cf. Hch 2, 42). La « comunión » (koinonia), mencionada inicialmente sin especificar, se concreta después en los versículos antes citados: consiste precisamente en que los creyentes tienen todo en común y en que, entre ellos, ya no hay diferencia entre ricos y pobres (cf. también Hch 4, 32-37). A decir verdad, a medida que la Iglesia se extendía, resultaba imposible mantener esta forma radical de comunión material. Pero el núcleo central ha permanecido: en la comunidad de los creyentes no debe haber una forma de pobreza en la que se niegue a alguien los bienes necesarios para una vida decorosa.

21. Un paso decisivo en la difícil búsqueda de soluciones para realizar este principio eclesial fundamental se puede ver en la elección de los siete varones, que fue el principio del ministerio diaconal (cf. Hch 6, 5-6). En efecto, en la Iglesia de los primeros momentos, se había producido una disparidad en el suministro cotidiano a las viudas entre la parte de lengua hebrea y la de lengua griega. Los Apóstoles, a los que estaba encomendado sobre todo « la oración » (Eucaristía y Liturgia) y el « servicio de la Palabra », se sintieron excesivamente cargados con el « servicio de la mesa »; decidieron, pues, reservar para sí su oficio principal y crear para el otro, también necesario en la Iglesia, un grupo de siete personas. Pero este grupo tampoco debía limitarse a un servicio meramente técnico de distribución: debían ser hombres « llenos de Espíritu y de sabiduría » (cf. Hch 6, 1-6). Lo cual significa que el servicio social que desempeñaban era absolutamente concreto, pero sin duda también espiritual al mismo tiempo; por tanto, era un verdadero oficio espiritual el suyo, que realizaba un cometido esencial de la Iglesia, precisamente el del amor bien ordenado al prójimo. Con la formación de este grupo de los Siete, la « diaconía » —el servicio del amor al prójimo ejercido comunitariamente y de modo orgánico— quedaba ya instaurada en la estructura fundamental de la Iglesia misma.

22. Con el paso de los años y la difusión progresiva de la Iglesia, el ejercicio de la caridad se confirmó como uno de sus ámbitos esenciales, junto con la administración de los Sacramentos y el anuncio de la Palabra: practicar el amor hacia las viudas y los huérfanos, los presos, los enfermos y los necesitados de todo tipo, pertenece a su esencia tanto como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio. La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra. Para demostrarlo, basten algunas referencias. El mártir Justino († ca. 155), en el contexto de la celebración dominical de los cristianos, describe también su actividad caritativa, unida con la Eucaristía misma. Los que poseen, según sus posibilidades y cada uno cuanto quiere, entregan sus ofrendas al Obispo; éste, con lo recibido, sustenta a los huérfanos, a las viudas y a los que se encuentran en necesidad por enfermedad u otros motivos, así como también a los presos y forasteros.[12] El gran escritor cristiano Tertuliano († después de 220), cuenta cómo la solicitud de los cristianos por los necesitados de cualquier tipo suscitaba el asombro de los paganos.[13] Y cuando Ignacio de Antioquía († ca. 117) llamaba a la Iglesia de Roma como la que « preside en la caridad (agapé) »,[14] se puede pensar que con esta definición quería expresar de algún modo también la actividad caritativa concreta.

23. En este contexto, puede ser útil una referencia a las primitivas estructuras jurídicas del servicio de la caridad en la Iglesia. Hacia la mitad del siglo IV, se va formando en Egipto la llamada « diaconía »; es la estructura que en cada monasterio tenía la responsabilidad sobre el conjunto de las actividades asistenciales, el servicio de la caridad precisamente. A partir de esto, se desarrolla en Egipto hasta el siglo VI una corporación con plena capacidad jurídica, a la que las autoridades civiles confían incluso una cantidad de grano para su distribución pública. No sólo cada monasterio, sino también cada diócesis llegó a tener su diaconía, una institución que se desarrolla sucesivamente, tanto en Oriente como en Occidente. El Papa Gregorio Magno († 604) habla de la diaconía de Nápoles; por lo que se refiere a Roma, las diaconías están documentadas a partir del siglo VII y VIII; pero, naturalmente, ya antes, desde los comienzos, la actividad asistencial a los pobres y necesitados, según los principios de la vida cristiana expuestos en los Hechos de los Apóstoles, era parte esencial en la Iglesia de Roma. Esta función se manifiesta vigorosamente en la figura del diácono Lorenzo († 258). La descripción dramática de su martirio fue conocida ya por san Ambrosio († 397) y, en lo esencial, nos muestra seguramente la auténtica figura de este Santo. A él, como responsable de la asistencia a los pobres de Roma, tras ser apresados sus compañeros y el Papa, se le concedió un cierto tiempo para recoger los tesoros de la Iglesia y entregarlos a las autoridades. Lorenzo distribuyó el dinero disponible a los pobres y luego presentó a éstos a las autoridades como el verdadero tesoro de la Iglesia.[15] Cualquiera que sea la fiabilidad histórica de tales detalles, Lorenzo ha quedado en la memoria de la Iglesia como un gran exponente de la caridad eclesial.

24. Una alusión a la figura del emperador Juliano el Apóstata († 363) puede ilustrar una vez más lo esencial que era para la Iglesia de los primeros siglos la caridad ejercida y organizada. A los seis años, Juliano asistió al asesinato de su padre, de su hermano y de otros parientes a manos de los guardias del palacio imperial; él imputó esta brutalidad —con razón o sin ella— al emperador Constancio, que se tenía por un gran cristiano. Por eso, para él la fe cristiana quedó desacreditada definitivamente. Una vez emperador, decidió restaurar el paganismo, la antigua religión romana, pero también reformarlo, de manera que fuera realmente la fuerza impulsora del imperio. En esta perspectiva, se inspiró ampliamente en el cristianismo. Estableció una jerarquía de metropolitas y sacerdotes. Los sacerdotes debían promover el amor a Dios y al prójimo. Escribía en una de sus cartas [16] que el único aspecto que le impresionaba del cristianismo era la actividad caritativa de la Iglesia. Así pues, un punto determinante para su nuevo paganismo fue dotar a la nueva religión de un sistema paralelo al de la caridad de la Iglesia. Los « Galileos » —así los llamaba— habían logrado con ello su popularidad. Se les debía emular y superar. De este modo, el emperador confirmaba, pues, cómo la caridad era una característica determinante de la comunidad cristiana, de la Iglesia.

25. Llegados a este punto, tomamos de nuestras reflexiones dos datos esenciales:

a) La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los Sacramentos (leiturgia) y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia.[17]

b) La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario. Pero, al mismo tiempo, la caritas-agapé supera los confines de la Iglesia; la parábola del buen Samaritano sigue siendo el criterio de comportamiento y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado « casualmente » (cf. Lc 10, 31), quienquiera que sea. No obstante, quedando a salvo la universalidad del amor, también se da la exigencia específicamente eclesial de que, precisamente en la Iglesia misma como familia, ninguno de sus miembros sufra por encontrarse en necesidad. En este sentido, siguen teniendo valor las palabras de la Carta a los Gálatas: « Mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe » (6, 10).

Justicia y caridad

26. Desde el siglo XIX se ha planteado una objeción contra la actividad caritativa de la Iglesia, desarrollada después con insistencia sobre todo por el pensamiento marxista. Los pobres, se dice, no necesitan obras de caridad, sino de justicia. Las obras de caridad —la limosna— serían en realidad un modo para que los ricos eludan la instauración de la justicia y acallen su conciencia, conservando su propia posición social y despojando a los pobres de sus derechos. En vez de contribuir con obras aisladas de caridad a mantener las condiciones existentes, haría falta crear un orden justo, en el que todos reciban su parte de los bienes del mundo y, por lo tanto, no necesiten ya las obras de caridad. Se debe reconocer que en esta argumentación hay algo de verdad, pero también bastantes errores. Es cierto que una norma fundamental del Estado debe ser perseguir la justicia y que el objetivo de un orden social justo es garantizar a cada uno, respetando el principio de subsidiaridad, su parte de los bienes comunes. Eso es lo que ha subrayado también la doctrina cristiana sobre el Estado y la doctrina social de la Iglesia. La cuestión del orden justo de la colectividad, desde un punto de vista histórico, ha entrado en una nueva fase con la formación de la sociedad industrial en el siglo XIX. El surgir de la industria moderna ha desbaratado las viejas estructuras sociales y, con la masa de los asalariados, ha provocado un cambio radical en la configuración de la sociedad, en la cual la relación entre el capital y el trabajo se ha convertido en la cuestión decisiva, una cuestión que, en estos términos, era desconocida hasta entonces. Desde ese momento, los medios de producción y el capital eran el nuevo poder que, estando en manos de pocos, comportaba para las masas obreras una privación de derechos contra la cual había que rebelarse.

27. Se debe admitir que los representantes de la Iglesia percibieron sólo lentamente que el problema de la estructura justa de la sociedad se planteaba de un modo nuevo. No faltaron pioneros: uno de ellos, por ejemplo, fue el Obispo Ketteler de Maguncia († 1877). Para hacer frente a las necesidades concretas surgieron también círculos, asociaciones, uniones, federaciones y, sobre todo, nuevas Congregaciones religiosas, que en el siglo XIX se dedicaron a combatir la pobreza, las enfermedades y las situaciones de carencia en el campo educativo. En 1891, se interesó también el magisterio pontificio con la Encíclica Rerum novarum de León XIII. Siguió con la Encíclica de Pío XI Quadragesimo anno, en 1931. En 1961, el beato Papa Juan XXIII publicó la Encíclica Mater et Magistra, mientras que Pablo VI, en la Encíclica Populorum progressio (1967) y en la Carta apostólica Octogesima adveniens (1971), afrontó con insistencia la problemática social que, entre tanto, se había agudizado sobre todo en Latinoamérica. Mi gran predecesor Juan Pablo II nos ha dejado una trilogía de Encíclicas sociales: Laborem exercens (1981), Sollicitudo rei socialis (1987) y Centesimus annus (1991). Así pues, cotejando situaciones y problemas nuevos cada vez, se ha ido desarrollando una doctrina social católica, que en 2004 ha sido presentada de modo orgánico en el Compendio de la doctrina social de la Iglesia, redactado por el Consejo Pontificio Iustitia et Pax. El marxismo había presentado la revolución mundial y su preparación como la panacea para los problemas sociales: mediante la revolución y la consiguiente colectivización de los medios de producción —se afirmaba en dicha doctrina— todo iría repentinamente de modo diferente y mejor. Este sueño se ha desvanecido. En la difícil situación en la que nos encontramos hoy, a causa también de la globalización de la economía, la doctrina social de la Iglesia se ha convertido en una indicación fundamental, que propone orientaciones válidas mucho más allá de sus confines: estas orientaciones —ante el avance del progreso— se han de afrontar en diálogo con todos los que se preocupan seriamente por el hombre y su mundo.

28. Para definir con más precisión la relación entre el compromiso necesario por la justicia y el servicio de la caridad, hay que tener en cuenta dos situaciones de hecho:

a) El orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política. Un Estado que no se rigiera según la justicia se reduciría a una gran banda de ladrones, dijo una vez Agustín: « Remota itaque iustitia quid sunt regna nisi magna latrocinia? ».[18] Es propio de la estructura fundamental del cristianismo la distinción entre lo que es del César y lo que es de Dios (cf. Mt 22, 21), esto es, entre Estado e Iglesia o, como dice el Concilio Vaticano II, el reconocimiento de la autonomía de las realidades temporales.[19] El Estado no puede imponer la religión, pero tiene que garantizar su libertad y la paz entre los seguidores de las diversas religiones; la Iglesia, como expresión social de la fe cristiana, por su parte, tiene su independencia y vive su forma comunitaria basada en la fe, que el Estado debe respetar. Son dos esferas distintas, pero siempre en relación recíproca.

La justicia es el objeto y, por tanto, también la medida intrínseca de toda política. La política es más que una simple técnica para determinar los ordenamientos públicos: su origen y su meta están precisamente en la justicia, y ésta es de naturaleza ética. Así, pues, el Estado se encuentra inevitablemente de hecho ante la cuestión de cómo realizar la justicia aquí y ahora. Pero esta pregunta presupone otra más radical: ¿qué es la justicia? Éste es un problema que concierne a la razón práctica; pero para llevar a cabo rectamente su función, la razón ha de purificarse constantemente, porque su ceguera ética, que deriva de la preponderancia del interés y del poder que la deslumbran, es un peligro que nunca se puede descartar totalmente.

En este punto, política y fe se encuentran. Sin duda, la naturaleza específica de la fe es la relación con el Dios vivo, un encuentro que nos abre nuevos horizontes mucho más allá del ámbito propio de la razón. Pero, al mismo tiempo, es una fuerza purificadora para la razón misma. Al partir de la perspectiva de Dios, la libera de su ceguera y la ayuda así a ser mejor ella misma. La fe permite a la razón desempeñar del mejor modo su cometido y ver más claramente lo que le es propio. En este punto se sitúa la doctrina social católica: no pretende otorgar a la Iglesia un poder sobre el Estado. Tampoco quiere imponer a los que no comparten la fe sus propias perspectivas y modos de comportamiento. Desea simplemente contribuir a la purificación de la razón y aportar su propia ayuda para que lo que es justo, aquí y ahora, pueda ser reconocido y después puesto también en práctica.

La doctrina social de la Iglesia argumenta desde la razón y el derecho natural, es decir, a partir de lo que es conforme a la naturaleza de todo ser humano. Y sabe que no es tarea de la Iglesia el que ella misma haga valer políticamente esta doctrina: quiere servir a la formación de las conciencias en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella, aun cuando esto estuviera en contraste con situaciones de intereses personales. Esto significa que la construcción de un orden social y estatal justo, mediante el cual se da a cada uno lo que le corresponde, es una tarea fundamental que debe afrontar de nuevo cada generación. Tratándose de un quehacer político, esto no puede ser un cometido inmediato de la Iglesia. Pero, como al mismo tiempo es una tarea humana primaria, la Iglesia tiene el deber de ofrecer, mediante la purificación de la razón y la formación ética, su contribución específica, para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables.

La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar. La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien.

b) El amor —caritas— siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo.[20] El Estado que quiere proveer a todo, que absorbe todo en sí mismo, se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar lo más esencial que el hombre afligido —cualquier ser humano— necesita: una entrañable atención personal. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio. La Iglesia es una de estas fuerzas vivas: en ella late el dinamismo del amor suscitado por el Espíritu de Cristo. Este amor no brinda a los hombres sólo ayuda material, sino también sosiego y cuidado del alma, un ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material. La afirmación según la cual las estructuras justas harían superfluas las obras de caridad, esconde una concepción materialista del hombre: el prejuicio de que el hombre vive « sólo de pan » (Mt 4, 4; cf. Dt 8, 3), una concepción que humilla al hombre e ignora precisamente lo que es más específicamente humano.

29. De este modo podemos ahora determinar con mayor precisión la relación que existe en la vida de la Iglesia entre el empeño por el orden justo del Estado y la sociedad, por un lado y, por otro, la actividad caritativa organizada. Ya se ha dicho que el establecimiento de estructuras justas no es un cometido inmediato de la Iglesia, sino que pertenece a la esfera de la política, es decir, de la razón auto-responsable. En esto, la tarea de la Iglesia es mediata, ya que le corresponde contribuir a la purificación de la razón y reavivar las fuerzas morales, sin lo cual no se instauran estructuras justas, ni éstas pueden ser operativas a largo plazo.

El deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es más bien propio de los fieles laicos. Como ciudadanos del Estado, están llamados a participar en primera persona en la vida pública. Por tanto, no pueden eximirse de la « multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural,

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